Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 35-36 (cap. 35)
1Y dijo Dios a Jacob: Levántate, sube a Beth-el, y estáte allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 2Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3Y levantémonos, y subamos a Beth-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado. 4Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarzillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina, que estaba junto a Sichêm. 5Y partiéronse, y el terror de Dios fue sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob. 6Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán, (esta es Beth-el) él y todo el pueblo que con él estaba; 7Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-Beth-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano. 8Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada a las raíces de Beth-el, debajo de una encina: y llamóse su nombre Allon-Bacuth. 9Y aparecióse otra vez Dios a Jacob, cuando se había vuelto de Padan-aram, y bendíjole. 10Y díjole Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre: y llamó su nombre Israel. 11Y díjole Dios: Yo soy el Dios Omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederá de ti, y reyes saldrán de tus lomos: 12Y la tierra que yo he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti: y a tu simiente después de ti daré la tierra. 13Y fuése de él Dios, del lugar donde con él había hablado. 14Y Jacob erigió un título en el lugar donde había hablado con él, un título de piedra, y derramó sobre él libación, y echó sobre él aceite. 15Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Beth-el. 16Y partieron de Beth-el, y había aún como media legua de tierra para llegar a Ephrata, cuando parió Rachêl, y hubo trabajo en su parto. 17Y aconteció, que como había trabajo en su parir, díjole la partera: No temas, que también tendrás este hijo. 18Y acaeció que al salírsele el alma, (pues murió) llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. 19Así murió Rachêl, y fue sepultada en el camino de Ephrata, la cual es Beth-lehem. 20Y puso Jacob un título sobre su sepultura: este es el título de la sepultura de Rachêl hasta hoy. 21Y partió Israel, y tendió su tienda de la otra parte de Migdaleder. 22Y acaeció, morando Israel en aquella tierra, que fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a entender Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce: 23Los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, e Issachâr, y Zabulón. 24Los hijos de Rachêl: José, y Benjamín. 25Y los hijos de Bilha, sierva de Rachêl: Dan, y Nephtalí. 26Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad, y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram. 27Y vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac. 28Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años. 29Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a sus pueblos, viejo y harto de días; y sepultáronlo Esaú y Jacob sus hijos.
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Génesis 35-36 (cap. 36)
1Y estas son las generaciones de Esaú, el cual es Edom. 2Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón Hetheo, y a Aholibama, hija de Ana, hija de Zibeón el Heveo; 3Y a Basemath, hija de Ismael, hermana de Navaioth. 4Y Ada parió a Esaú a Eliphaz; y Basemath parió a Reuel. 5Y Aholibama parió a Jeús, y a Jaalam, y a Cora: estos son los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán. 6Y Esaú tomó sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése a otra tierra de delante de Jacob su hermano: 7Porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar juntos, ni la tierra de su peregrinación los podía sostener a causa de sus ganados. 8Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú es Edom. 9Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir. 10Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Eliphaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemath, mujer de Esaú. 11Y los hijos de Eliphaz fueron Temán, Omar, Zepho, Gatam, y Cenaz. 12Y Timna fue concubina de Eliphaz, hijo de Esaú, la cual le parió a Amalec: estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. 13Y los hijos de Reuel fueron Nahath, Zera, Samma, y Mizza: estos son los hijos de Basemath, mujer de Esaú. 14Estos fueron los hijos de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Ana, que fue hija de Zibeón: ella parió a Esaú a Jeús, Jaalam, y Cora. 15Estos son los duques de los hijos de Esaú. Hijos de Eliphaz, primogénito de Esaú: el duque Temán, el duque Omar, el duque Zepho, el duque Cenaz, 16El duque Cora, el duque Gatam, y el duque Amalec: estos son los duques de Eliphaz en la tierra de Edom; estos fueron los hijos de Ada. 17Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el duque Nahath, el duque Zera, el duque Samma, y el duque Mizza: estos son los duques de la línea de Reuel en la tierra de Edom; estos hijos vienen de Basemath, mujer de Esaú. 18Y estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: el duque Jeús, el duque Jaalam, y el duque Cora: estos fueron los duques que salieron de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Ana. 19Estos, pues, son los hijos de Esaú, y sus duques: él es Edom. 20Y estos son los hijos de Seir Horeo, moradores de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Ana, 21Disón, Ezer, y Disán: estos son los duques de los Horeos, hijos de Seir en la tierra de Edom. 22Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemán; y Timna fue hermana de Lotán. 23Y los hijos de Sobal fueron Alván, Manahath, Ebal, Sepho, y Onán. 24Y los hijos de Zibeón fueron Aja, y Ana. Este Ana es el que descubrió los mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre. 25Los hijos de Ana fueron Disón, y Aholibama, hija de Ana. 26Y estos fueron los hijos de Disón: Hemdán, Eshbán, Ithram, y Cherán. 27Y estos fueron los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván, y Acán. 28Estos fueron los hijos de Disán: Huz, y Arán. 29Y estos fueron los duques de los Horeos: el duque Lotán, el duque Sobal, el duque Zibeón, el duque Ana, 30El duque Disón, el duque Ezer, el duque Disán: estos fueron los duques de los Horeos: por sus ducados en la tierra de Seir. 31Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel, fueron estos: 32Bela, hijo de Beor, reinó en Edom: y el nombre de su ciudad fue Dinaba. 33Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, de Bosra. 34Y murió Jobab, y en su lugar reinó Husam, de tierra de Temán. 35Y murió Husam, y reinó en su lugar Adad, hijo de Badad, el que hirió a Midián en el campo de Moab: y el nombre de su ciudad fue Avith. 36Y murió Adad, y en su lugar reinó Samla, de Masreca. 37Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehoboth del Río. 38Y murió Saúl, y en lugar suyo reinó Baalanán, hijo de Achbor. 39Y murió Baalanán, hijo de Achbor, y reinó Adar en lugar suyo: y el nombre de su ciudad fue Pau; y el nombre de su mujer Meetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. 40Estos, pues, son los nombres de los duques de Esaú por sus linajes, por sus lugares, y sus nombres: el duque Timna, el duque Alva, el duque Jetheth, 41El duque Aholibama, el duque Ela, el duque Pinón, 42El duque Cenaz, el duque Temán, el duque Mibzar, 43El duque Magdiel, y el duque Hiram. Estos fueron los duques de Edom por sus habitaciones en la tierra de su posesión. Edom es el mismo Esaú, padre de los Idumeos.
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Marcos 6
1Y salió de allí, y vino a su tierra, y le siguieron sus discípulos. 2Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas? 3¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él. 4Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando. 7Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos: y les dio potestad sobre los espíritus inmundos. 8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa; 9Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí. 11Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio a ellos. De cierto os digo que más tolerable será el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el de aquella ciudad. 12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban. 14Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en él. 15Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, o alguno de los profetas. 16Y oyéndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. 17Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido a Juan, y le había aprisionado en la cárcel a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. 18Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía: 20Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana. 21Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena a sus príncipes y tribunos, y a los principales de Galilea; 22Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando a Herodes y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. 23Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino. 24Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista. 25Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista. 26Y el rey se entristeció mucho; mas a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. 27Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza; 28El cual fue, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29Y oyéndo lo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. 30Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer. 32Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte. 33Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos a pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. 34Y saliendo Jesús vio grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó a enseñar muchas cosas. 35Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado; 36Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer. 37Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿ Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39Y les mandó que hiciesen recostar a todos por partidas sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió a todos los dos peces. 42Y comieron todos, y se hartaron. 43Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces. 44Y los que comieron eran cinco mil hombres. 45Y luego dio priesa a sus discípulos a subir en el barco, e ir delante de él a Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedía la multitud. 46Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar. 47Y como fue la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. 48Y los vio fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos andando sobre la mar, y quería precederlos. 49Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces; 50Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis. 51Y subió a ellos en el barco, y calmó el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban: 52Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones. 53Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron a tierra de Genezaret, y tomaron puerto. 54Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron. 55Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. 56Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o heredades, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.
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Job 2
1Y otro día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satán vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová. 2Y dijo Jehová a Satán: ¿De dónde vienes? Respondió Satán a Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. 3Y Jehová dijo a Satán: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aun retiene su perfección, habiéndome tú incitado contra él, para que lo arruinara sin causa? 4Y respondiendo Satán dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. 5Mas extiende ahora tu mano, y toca a su hueso y a su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro. 6Y Jehová dijo a Satán: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. 7Y salió Satán de delante de Jehová, e hirió a Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza. 8Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza. 9Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice a Dios, y muérete. 10Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. 11Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos a condolecerse de él, y a consolarle. 12Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. 13Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.
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Romanos 6
1¿Pues qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? 2En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección: 6Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7Porque el que es muerto, justificado es del pecado. 8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. 10Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, a Dios vive. 11Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. 12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; 13Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia. 14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. 16¿No sabéis que a quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? 17Empero gracias a Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual sois entregados; 18Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. 19Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros a servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros a servir a la justicia. 20Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. 22Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. 23Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 35-36 · Marcos 6
Personales
Job 2 · Romanos 6