Lectura 1 de 4 · En familia
2 Crónicas 25
1De veinticinco años era Amasías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fue Joaddan, de Jerusalem. 2Hizo él lo recto en los ojos de Jehová aunque no de perfecto corazón. 3Y luego que fue confirmado en el reino, mató a sus siervos que habían muerto al rey su padre; 4Mas no mató a los hijos de ellos, según lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, donde Jehová mandó, diciendo: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres; mas cada uno morirá por su pecado. 5Juntó luego Amasías a Judá, y con arreglo a las familias púsoles tribunos y centuriones por todo Judá y Benjamín; y tomólos por lista de veinte años arriba, y fueron hallados en ellos trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo. 6Y de Israel tomó a sueldo cien mil hombres valientes, por cien talentos de plata. 7Mas un varón de Dios vino a él, diciéndole: Rey, no vaya contigo el ejército de Israel; porque Jehová no es con Israel, ni con todos los hijos de Ephraim. 8Pero si tú vas, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está la fortaleza, o para ayudar, o para derribar. 9Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué pues se hará de cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: De Jehová es darte mucho más que esto. 10Entonces Amasías apartó el escuadrón de la gente que había venido a él de Ephraim, para que se fuesen a sus casas: y ellos se enojaron grandemente contra Judá, y volviéronse a sus casas encolerizados. 11Esforzándose entonces Amasías, sacó su pueblo, y vino al valle de la Sal: e hirió de los hijos de Seir diez mil. 12Y los hijos de Judá tomaron vivos otros diez mil, los cuales llevaron a la cumbre de un peñasco, y de allí los despeñaron, y todos se hicieron pedazos. 13Empero los del escuadrón que Amasías había despedido, porque no fuesen con él a la guerra, derramáronse sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Beth-oron, e hirieron de ellos tres mil, y tomaron un grande despojo. 14Regresando luego Amasías de la matanza de los Idumeos, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y púsoselos para sí por dioses, y encorvóse delante de ellos, y quemóles perfumes. 15Encendióse por tanto el furor de Jehová contra Amasías, y envió a él un profeta, que le dijo: ¿Por qué has buscado los dioses de gente, que no libraron a su pueblo de tus manos? 16Y hablándole el profeta estas cosas, él le respondió: ¿Hante puesto a ti por consejero del rey? Déjate de eso: ¿por qué quieres que te maten? Y al cesar, el profeta dijo luego: Yo sé que Dios ha acordado destruirte, porque has hecho esto, y no obedeciste a mi consejo. 17Y Amasías rey de Judá, habido su consejo, envió a decir a Joas, hijo de Joachâz hijo de Jehú, rey de Israel: Ven, y veámonos cara a cara. 18Entonces Joas rey de Israel envió a decir a Amasías rey de Judá: El cardo que estaba en el Líbano, envió al cedro que estaba en el Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por mujer. Y he aquí que las bestias fieras que estaban en el Líbano, pasaron, y hollaron el cardo. 19Tú dices: He aquí he herido a Edom; y tu corazón se enaltece para gloriarte: ahora estáte en tu casa; ¿para qué te entrometes en mal, para caer tú y Judá contigo? 20Mas Amasías no quiso oir; porque estaba de Dios, que los quería entregar en manos de sus enemigos, por cuanto habían buscado los dioses de Edom. 21Subió pues Joas rey de Israel, y viéronse cara a cara él y Amasías rey de Judá, en Beth-semes, la cual es de Judá. 22Pero cayó Judá delante de Israel, y huyó cada uno a su estancia. 23Y Joas rey de Israel prendió en Beth-semes a Amasías rey de Judá, hijo de Joas hijo de Joachâz, y llevólo a Jerusalem: y derribó el muro de Jerusalem desde la puerta de Ephraim hasta la puerta del ángulo, cuatrocientos codos. 24Asimismo tomó todo el oro y plata, y todos los vasos que se hallaron en la casa de Dios en casa de Obed-edom, y los tesoros de la casa del rey, y los hijos de los príncipes, y volvióse a Samaria. 25Y vivió Amasías hijo de Joas, rey de Judá, quince años después de la muerte de Joas hijo de Joachâz rey de Israel. 26Lo demás de los hechos de Amasías, primeros y postreros, ¿no está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel? 27Desde aquel tiempo que Amasías se apartó de Jehová, maquinaron contra él conjuración en Jerusalem; y habiendo él huído a Lachîs, enviaron tras él a Lachîs, y allá lo mataron; 28Y trajéronlo en caballos, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de Judá.
Lectura 2 de 4 · En familia
Apocalipsis 12
1Y una grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2Y estando preñada, clamaba con dolores de parto, y sufría tormento por parir. 3Y fue vista otra señal en el cielo: y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. 4Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las echó en tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para parir, a fin de devorar a su hijo cuando hubiese parido. 5Y ella parió un hijo varón, el cual había de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fue arrebatado para Dios y a su trono. 6Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días. 7Y fue hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles, 8Y no prevalecieron, ni su lugar fue más hallado en el cielo. 9Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10Y oí una grande voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte. 12Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo. 13Y cuando vio el dragón que él había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había parido al hijo varón. 14Y fueron dadas a la mujer dos alas de grande águila, para que de la presencia de la serpiente volase al desierto, a su lugar, donde es mantenida por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. 15Y la serpiente echó de su boca tras la mujer agua como un río, a fin de hacer que fuese arrebatada del río. 16Y la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca, y sorbió el río que había echado el dragón de su boca. 17Entonces el dragón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Zacarías 8
1Y fue a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo he celado a Sion con grande celo, y con grande ira la celé. 3Así dice Jehová: Yo he restituído a Sion, y moraré en medio de Jerusalem: y Jerusalem se llamará Ciudad de Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. 4Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aun han de morar viejos y viejas en las plazas de Jerusalem, y cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. 5Y las calles de la ciudad serán llenas de muchachos y muchachas, que jugarán en las calles. 6Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, ¿también será dificultoso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos. 7Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; 8Y traerélos, y habitarán en medio de Jerusalem; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios con verdad y con justicia. 9Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, de vosotros los que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el templo. 10Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre, ni paga de bestia, ni hubo paz alguna para entrante ni para saliente, a causa del enemigo: y yo dejé todos los hombres, cada cual contra su compañero. 11Mas ahora no lo haré con el resto de este pueblo como en aquellos días pasados, dice Jehová de los ejércitos. 12Porque habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el resto de este pueblo posea todo esto. 13Y será que como fuisteis maldición entre las gentes, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré, y seréis bendición. No temáis, mas esfuércense vuestras manos. 14Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí; 15Así tornando he pensado de hacer bien a Jerusalem y a la casa de Judá en estos días: no temáis. 16Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad en vuestras puertas verdad y juicio de paz: 17Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis juramento falso: porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová. 18Y fue a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 19Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se tornarán a la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad pues verdad y paz. 20Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aun vendrán pueblos, y moradores de muchas ciudades; 21Y vendrán los moradores de la una a la otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. 22Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalem, y a implorar el favor de Jehová. 23Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de todas las lenguas de las gentes, trabarán de la falda de un Judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.
Lectura 4 de 4 · Personal
Juan 11
1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos.) 3Enviaron, pues, sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. 4Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. 5Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. 6Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba. 7Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. 8Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? 9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. 10Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. 12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. 13Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; 15Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos a él. 16Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. 17Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro. 18Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios; 19Y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, a consolarlas de su hermano. 20Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; mas María se estuvo en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto; 22Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios. 23Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. 24Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. 25Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. 28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama. 29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene a él. 30(Que aun no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.) 31Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. 32Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano. 33Jesús entonces, como la vio llorando, y a los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse, 34Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve. 35Y lloró Jesús. 36Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba. 37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este que abrió los ojos al ciego, hacer que este no muriera? 38Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima. 39Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días. 40Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios? 41Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído. 42Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. 44Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir. 45Entonces muchos de los Judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 46Mas algunos de ellos fueron a los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho. 47Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales. 48Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. 49Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; 50Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. 51Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación: 52Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados. 53Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle. 54Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuése de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos. 55Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra a Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse; 56Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá a la fiesta? 57Y los pontífices y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Crónicas 25 · Apocalipsis 12
Personales
Zacarías 8 · Juan 11