Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 26
1Y hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que fue en los días de Abraham: y fuése Isaac a Abimelech rey de los Filisteos, en Gerar. 2Y apareciósele Jehová, y díjole: No desciendas a Egipto: habita en la tierra que yo te diré; 3Habita en esta tierra, y seré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que juré a Abraham tu padre: 4Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y todas las gentes de la tierra serán benditas en tu simiente: 5Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. 6Habitó, pues, Isaac en Gerar. 7Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; que tal vez, dijo, los hombres del lugar me matarían por causa de Rebeca; porque era de hermoso aspecto. 8Y sucedió que, después que él estuvo allí muchos días, Abimelech, rey de los Filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que jugaba con Rebeca su mujer. 9Y llamó Abimelech a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer: ¿cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella. 10Y Abimelech dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado. 11Entonces Abimelech mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá. 12Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló aquel año ciento por uno: y bendíjole Jehová. 13Y el varón se engrandeció, y fue adelantando y engrandeciéndose, hasta hacerse muy poderoso: 14Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande apero; y los Filisteos le tuvieron envidia. 15Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los Filisteos los habían cegado y llenado de tierra. 16Y dijo Abimelech a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho. 17E Isaac se fue de allí; y asentó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí. 18Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los Filisteos habían cegado, muerto Abraham; y llamólos por los nombres que su padre los había llamado. 19Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas. 20Y los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra: por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él. 21Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él: y llamó su nombre Sitnah. 22Y apartóse de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él: y llamó su nombre Rehoboth, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar Jehová, y fructificaremos en la tierra. 23Y de allí subió a Beer-seba. 24Y apareciósele Jehová aquella noche, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, que yo soy contigo, y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por amor de Abraham mi siervo. 25Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y tendió allí su tienda: y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo. 26Y Abimelech vino a él desde Gerar, y Ahuzzath, amigo suyo, y Phicol, capitán de su ejército. 27Y díjoles Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros? 28Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre nosotros y ti, y haremos alianza contigo: 29Que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz: tú ahora, bendito de Jehová. 30Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron. 31Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se partieron de él en paz. 32Y en aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y diéronle nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Agua hemos hallado. 33Y llamólo Seba: por cuya causa el nombre de aquella ciudad es Beer-seba hasta este día. 34Y cuando Esaú fue de cuarenta años, tomó por mujer a Judith hija de Beeri Hetheo, y a Basemat hija de Elón Hetheo: 35Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 25
1Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. 2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas. 3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas. 5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron. 6Y a la media noche fue oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle. 7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas. 8Y las fatuas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprad para vosotras. 10Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir. 14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes. 15Y a este dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos. 16Y el que había recibido cinco talentos se fue, y granjeó con ellos, e hizo otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos. 18Mas el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. 21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; 25Y tuve miedo, y fui, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo. 26Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; 27Por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura. 28Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29Porque a cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. 31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. 32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. 34Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; 36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43Fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis. 46E irán estos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.
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Ester 2
1Pasadas estas cosas, sosegada ya la ira del rey Assuero, acordóse de Vasthi, y de lo que hizo, y de lo que fue sentenciado contra ella. 2Y dijeron los criados del rey, sus oficiales: Busquen al rey mozas vírgenes de buen parecer; 3Y ponga el rey personas en todas las provincias de su reino, que junten todas las mozas vírgenes de buen parecer en Susán residencia regia, en la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai, eunuco del rey, guarda de las mujeres, dándoles sus atavíos; 4Y la moza que agradare a los ojos del rey, reine en lugar de Vasthi. Y la cosa plugo en ojos del rey, e hízolo así. 5Había un varón Judío en Susán residencia regia, cuyo nombre era Mardochêo, hijo de Jair, hijo de Simi, hijo de Cis, del linaje de Benjamín; 6El cual había sido trasportado de Jerusalem con los cautivos que fueron llevados con Jechônías rey de Judá, a quien hizo trasportar Nabucodonosor rey de Babilonia. 7Y había criado a Hadassa, que es Esther, hija de su tío, porque no tenía padre ni madre; y era moza de hermosa forma y de buen parecer; y como su padre y su madre murieron, Mardochêo la había tomado por hija suya. 8Sucedió pues, que como se divulgó el mandamiento del rey y su acuerdo, y siendo reunidas muchas mozas en Susán residencia regia, a cargo de Hegai, fue tomada también Esther para casa del rey, al cuidado de Hegai, guarda de las mujeres. 9Y la moza agradó en sus ojos, y halló gracia delante de él; por lo que hizo darle prestamente sus atavíos y sus raciones, dándole también siete convenientes doncellas de la casa del rey; y pasóla con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres. 10Esther no declaró su pueblo ni su nacimiento; porque Mardochêo le había mandado que no lo declarase. 11Y cada día Mardochêo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, por saber cómo iba a Esther, y qué se hacía de ella. 12Y como llegaba el tiempo de cada una de las mozas para venir al rey Assuero, al cabo de haber estado ya doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres (porque así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra, y seis meses con cosas aromáticas y afeites de mujeres), 13Entonces la moza venía así al rey: todo lo que ella decía se le daba, para venir con ello de la casa de las mujeres hasta la casa del rey. 14Ella venía a la tarde, y a la mañana se volvía a la casa segunda de las mujeres, al cargo de Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas: no venía más al rey, salvo si el rey la quería, y era llamada por nombre. 15Y llegado que fue el tiempo de Esther, hija de Abihail tío de Mardochêo, que él se había tomado por hija, para venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres: y ganaba Esther la gracia de todos los que la veían. 16Fue pues Esther llevada al rey Assuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebeth, en el año séptimo de su reinado. 17Y el rey amó a Esther sobre todas las mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, e hízola reina en lugar de Vasthi. 18Hizo luego el rey gran banquete a todos sus príncipes y siervos, el banquete de Esther; y alivió a las provincias, e hizo y dio mercedes conforme a la facultad real. 19Y cuando se juntaban las vírgenes la segunda vez, Mardochêo estaba puesto a la puerta del rey. 20Y Esther, según le tenía mandado Mardochêo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Esther hacía lo que decía Mardochêo, como cuando con él se educaba. 21En aquellos días, estando Mardochêo sentado a la puerta del rey, enojáronse Bigthán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Assuero. 22Mas entendido que fue esto por Mardochêo, él lo denunció a la reina Esther, y Esther lo dijo al rey en nombre de Mardochêo. 23Hízose entonces indagación de la cosa, y fue hallada cierta; por tanto, entrambos fueron colgados en una horca. Y escribióse el caso en el libro de las cosas de los tiempos delante del rey.
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Hechos 25
1Festo pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalem. 2Y vinieron a él los príncipes de los sacerdotes y los principales de los Judíos contra Pablo; y le rogaron, 3Pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer a Jerusalem, poniendo ellos asechanzas para matarle en el camino. 4Mas Festo respondió, que Pablo estaba guardado en Cesarea, y que él mismo partiría presto. 5Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan juntamente; y si hay algún crimen en este varón, acúsenle. 6Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, el siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído. 7El cual venido, le rodearon los Judíos que habían venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar; 8Alegando él por su parte: Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 9Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? 10Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien. 11Porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede darme a ellos. A César apelo. 12Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? a César irás. 13Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. 14Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15Sobre el cual, cuando fui a Jerusalem, vinieron a mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos, pidiendo condenación contra él: 16A los cuales respondí, no ser costumbre de los Romanos dar alguno a la muerte antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusación. 17Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre; 18Y estando presentes los acusadores, ningún cargo produjeron de los que yo sospechaba: 19Solamente tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su superstición, y de un cierto Jesús, difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo. 20Y yo, dudando en cuestión semejante, dije, si quería ir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas. 21Mas apelando Pablo a ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen hasta que le enviara a César. 22Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oir a ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás. 23Y al otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo. 24Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros: veis a este, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva más; 25Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando a Augusto, he determinado enviarle: 26Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he sacado a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que hecha información, tenga yo qué escribir. 27Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de las causas.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 26 · Mateo 25
Personales
Ester 2 · Hechos 25