Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 8
1Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan. 2Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo heriré con ranas todos tus términos: 3Y el río criará ranas, las cuales subirán, y entrarán en tu casa, y en la cámara de tu cama, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, y en tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas: 4Y las ranas subirán sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos. 5Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos, y estanques, para que haga venir ranas sobre la tierra de Egipto. 6Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. 7Y los encantadores hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto. 8Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y díjoles: Orad a Jehová que quite las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré ir al pueblo, para que sacrifique a Jehová. 9Y dijo Moisés a Faraón: Gloríate sobre mí: ¿cuándo oraré por ti, y por tus siervos, y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti, y de tus casas, y que solamente se queden en el río? 10Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios: 11Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo, y solamente se quedarán en el río. 12Entonces salieron Moisés y Aarón de con Faraón, y clamó Moisés a Jehová sobre el negocio de las ranas que había puesto a Faraón. 13E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos, y de los campos. 14Y las juntaron en montones, y apestaban la tierra. 15Y viendo Faraón que le habían dado reposo, agravó su corazón, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. 16Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu vara, y hiere el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto. 17Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, e hirió el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias: todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto. 18Y los encantadores hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; mas no pudieron. Y había piojos así en los hombres como en las bestias. 19Entonces los magos dijeron a Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. 20Y Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale a las aguas; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 21Porque si no dejares ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y sobre tus casas toda suerte de moscas; y las casas de los Egipcios se henchirán de toda suerte de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estuvieren. 22Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual mi pueblo habita, para que ninguna suerte de moscas haya en ella; a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra. 23Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal. 24Y Jehová lo hizo así: que vino toda suerte de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, y sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue corrompida a causa de ellas. 25Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y díjoles: Andad, sacrificad a vuestro Dios en la tierra. 26Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque sacrificaríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los Egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los Egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? 27Camino de tres días iremos por el desierto, y sacrificaremos a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá. 28Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que sacrifiquéis a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos: orad por mí. 29Y respondió Moisés: He aquí, en saliendo yo de contigo, rogaré a Jehová que las diversas suertes de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a sacrificar a Jehová. 30Entonces Moisés salió de con Faraón, y oró a Jehová. 31Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés; y quitó todas aquellas moscas de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo, sin que quedara una. 32Mas Faraón agravó aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 11
1Y aconteció que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3El pan nuestro de cada día, dános lo hoy. 4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo. 5Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes, 6Porque un amigo mío ha venido a mí de camino, y no tengo qué ponerle delante; 7Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte? 8Os digo, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. 9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto. 10Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre. 11¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? o, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión? 13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él? 14Y estaba él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron. 15Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. 16Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo. 17Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. 18Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios. 19Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 20Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee. 22Mas si sobreviniendo otro más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos. 23El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 24Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré a mi casa de donde salí. 25Y viniendo, la halla barrida y adornada. 26Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero. 27Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste. 28Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan. 29Y juntándose las gentes a él, comenzó a decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás. 30Porque como Jonás fue señal a los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre a esta generación. 31La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra a oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar. 32Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar. 33Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. 34La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso. 35Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas. 36Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra. 37Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con él: y entrado Jesús, se sentó a la mesa. 38Y el Fariseo, como lo vio, maravillóse de que no se lavó antes de comer. 39Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad. 40Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro? 41Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio. 42Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras. 43¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. 44¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. 45Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros. 46Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas. 47¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres. 48De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros. 49Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré a ellos profetas y apóstoles; y de ellos a unos matarán y a otros perseguirán; 50Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo; 51Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación. 52¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban impedisteis. 53Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron a apretar le en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.
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Job 25-26 (cap. 25)
1Y respondió Bildad Suhita, y dijo: 2El señorío y el temor están con él: él hace paz en sus alturas. 3¿Tienen sus ejércitos número? ¿y sobre quién no está su luz? 4¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer? 5He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos: 6¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 25-26 (cap. 26)
1Y respondió Job, y dijo: 2¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿has amparado al brazo sin fortaleza? 3¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia, y mostraste bien sabiduría? 4¿A quién has anunciado palabras, y cúyo es el espíritu que de ti sale? 5Cosas inanimadas son formadas debajo de las aguas, y los habitantes de ellas. 6El sepulcro es descubierto delante de él, y el infierno no tiene cobertura. 7Extiende el aquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada. 8Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas. 9El restriñe la faz de su trono, y sobre él extiende su nube. 10El cercó con término la superficie de las aguas, hasta el fin de la luz y las tinieblas. 11Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan de su reprensión. 12El rompe la mar con su poder, y con su entendimiento hiere la hinchazón suya. 13Su espíritu adornó los cielos; su mano crio la serpiente tortuosa. 14He aquí, estas son partes de sus caminos: ¡mas cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?
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1 Corintios 12
1Y acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoréis. 2Sabéis que cuando erais Gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos mudos. 3Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por Espíritu Santo. 4Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. 5Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es. 6Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos. 7Empero a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho. 8Porque a la verdad, a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; 10A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discreción de espíritus; y a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere. 12Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también Cristo. 13Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos o Griegos, ora siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 14Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos. 15Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? 16Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? 17Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso. 19Que si todos fueran un miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? 20Mas ahora muchos miembros son a la verdad, empero un cuerpo. 21Ni el ojo puede decir a la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios; 23Y a aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, a estos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura. 24Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; 25Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros. 26Por manera que si un miembro padece, todos los miembros a una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros a una se gozan. 27Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte. 28Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas. 29¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos doctores? ¿todos facultades? 30¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? 31Empero procurad los mejores dones: mas aun yo os muestro un camino más excelente.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 8 · Lucas 11
Personales
Job 25-26 · 1 Corintios 12