Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 27

1Y aconteció que cuando hubo Isaac envejecido, y sus ojos se ofuscaron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo el mayor, y díjole: Mi hijo. Y él respondió: Heme aquí. 2Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte: 3Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cógeme caza; 4Y hazme un guisado, como yo gusto, y tráeme lo, y comeré; para que te bendiga mi alma antes que muera. 5Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo: y fuése Esaú al campo para coger la caza que había de traer. 6Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: 7Tráeme caza, y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga delante de Jehová antes que yo muera. 8Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando; 9Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como él gusta; 10Y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte. 11Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño: 12Quizá me tentará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. 13Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí tu maldición: solamente obedece a mi voz, y ve y tráemelos. 14Entonces él fue, y tomó, y trájolos a su madre: y su madre hizo guisados, como su padre gustaba. 15Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor: 16E hízole vestir sobre sus manos, y sobre la cerviz donde no tenía vello, las pieles de los cabritos de las cabras; 17Y entregó los guisados y el pan que había aderezado, en mano de Jacob su hijo. 18Y él fue a su padre, y dijo: Padre mío: y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío? 19Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. 20Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan presto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. 21E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú, o no. 22Y llegóse Jacob a su padre Isaac; y él le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, mas las manos, las manos de Esaú. 23Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú: y le bendijo. 24Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy. 25Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él se la acercó, y comió: trájole también vino, y bebió. 26Y díjole Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. 27Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo como el olor del campo que Jehová ha bendecido: 28Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. 29Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre: malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren. 30Y aconteció, luego que hubo Isaac acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano vino de su caza. 31E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y díjole: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma. 32Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. 33Y estremecióse Isaac con grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que cogió caza, y me trajo, y comí de todo antes que vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 34Como Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. 35Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. 36Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; alzóse con mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? 37Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos: de trigo y de vino le he provisto: ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 38Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. 39Entonces Isaac su padre habló y díjole: He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: y sucederá cuando te enseñorees, que descargarás su yugo de tu cerviz. 41Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a Jacob mi hermano. 42Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor: y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y díjole: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. 43Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate, y húyete a Labán mi hermano, a Harán; 44Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue; 45Hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho: yo enviaré entonces, y te traeré de allá: ¿por qué seré privada de vosotros ambos en un día? 46Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Heth. Si Jacob toma mujer de las hijas de Heth, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 26

1Y aconteció que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: 2Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado. 3Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás; 4Y tuvieron consejo para prender por engaño a Jesús, y matarle. 5Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo. 6Y estando Jesús en Bethania, en casa de Simón el leproso, 7Vino a él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. 8Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto? 9Porque esto se podía vender por gran precio, y darse a los pobres. 10Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena a esta mujer? pues ha hecho conmigo buena obra. 11Porque siempre tendréis pobres con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis. 12Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho. 13De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que esta ha hecho. 14Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los príncipes de los sacerdotes, 15Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata. 16Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. 17Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua? 18Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa haré la pascua con mis discípulos. 19Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua. 20Y como fue la tarde del día, se sentó a la mesa con los doce. 21Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar. 22Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? 23Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar. 24A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido. 25Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho. 26Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo. 27Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; 28Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados. 29Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 30Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas. 31Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas. 32Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado. 34Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. 36Entonces llegó Jesús con ellos a la aldea que se llama Gethsemaní, y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore. 37Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú. 40Y vino a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora? 41Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma. 42Otra vez fue, segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. 43Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados. 44Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45Entonces vino a sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. 46Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado. 47Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo. 48Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendedle. 49Y luego que llegó a Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó. 50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del pontífice, le quitó la oreja. 52Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán. 53¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? 54¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho? 55En aquella hora dijo Jesús a las gentes: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos a prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole. 57Y ellos, prendido Jesús, le llevaron a Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos. 58Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del pontífice; y entrando dentro, estábase sentado con los criados, para ver el fin. 59Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; 60Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas a la postre vinieron dos testigos falsos, 61Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican estos contra ti? 63Mas Jesús callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios. 64Jesús le dijo: Tú lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo. 65Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia. 66¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte. 67Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con mojicones, 68Diciendo: Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te ha herido. 69Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó a él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas. 70Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71Y saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También este estaba con Jesús Nazareno. 72Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73Y un poco después llegaron los que estaban por allí, y dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto. 74Entonces comenzó a hacer imprecaciones, y a jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego. 75Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.
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Ester 3

1Después de estas cosas, el rey Assuero engrandeció a Amán hijo de Amadatha Agageo, y ensalzólo, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. 2Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey, se arrodillaban e inclinaban a Amán, porque así se lo había mandado el rey; pero Mardochêo, ni se arrodillaba ni se humillaba. 3Y los siervos del rey que estaban a la puerta, dijeron a Mardochêo: ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey? 4Y aconteció que, hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronlo a Amán, por ver si las palabras de Mardochêo se mantendrían; porque ya él les había declarado que era Judío. 5Y vio Amán que Mardochêo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y llenóse de ira. 6Mas tuvo en poco meter mano en solo Mardochêo; que ya le habían declarado el pueblo de Mardochêo: y procuró Amán destruir a todos los Judíos que había en el reino de Assuero, al pueblo de Mardochêo. 7En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Assuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, de día en día y de mes en mes; y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar. 8Y dijo Amán al rey Assuero: Hay un pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no observan las leyes del rey; y al rey no viene provecho de dejarlos. 9Si place al rey, escríbase que sean destruídos; y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey. 10Entonces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo a Amán hijo de Amadatha Agageo, enemigo de los Judíos, 11Y díjole: La plata propuesta sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. 12Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, a trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los príncipes del rey, y a los capitanes que estaban sobre cada provincia, y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua: en nombre del rey Assuero fue escrito, y signado con el anillo del rey. 13Y fueron enviadas letras por mano de los correos a todas las provincias del rey, para destruir, y matar, y exterminar a todos los Judíos, desde el niño hasta el viejo, niños y mujeres en un día, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y para apoderarse de su despojo. 14La copia del escrito que se diese por mandamiento en cada provincia, fue publicada a todos los pueblos, a fin de que estuviesen apercibidos para aquel día. 15Y salieron los correos de priesa por mandato del rey, y el edicto fue dado en Susán capital del reino. Y el rey y Amán estaban sentados a beber, y la ciudad de Susán estaba conmovida.
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Hechos 26

1Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó a responder por sí, diciendo: 2Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hoy de defenderme delante de ti; 3Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia. 4Mi vida pues desde la mocedad, la cual desde el principio fue en mi nación, en Jerusalem, todos los Judíos la saben: 5Los cuales tienen ya conocido que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión he vivido Fariseo. 6Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy llamado en juicio; 7A la cual promesa nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de día y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los Judíos. 8¡Qué! ¿Júzgase cosa increíble entre vosotros que Dios resucite los muertos? 9Yo ciertamente había pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret: 10Lo cual también hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo di mi voto. 11Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas. 12En lo cual ocupado, yendo a Damasco con potestad y comisión de los príncipes de los sacerdotes, 13En mitad del día, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó y a los que iban conmigo. 14Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones. 15Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16Mas levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que apareceré a ti: 17Librándote del pueblo y de los Gentiles, a los cuales ahora te envío, 18Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, remisión de pecados y suerte entre los santificados. 19Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial: 20Antes anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y a los Gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. 21Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme. 22Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir: 23Que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los Gentiles. 24Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco. 25Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza. 26Pues el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo confiadamente. Pues no pienso que ignora nada de esto; pues no ha sido esto hecho en algún rincón. 27¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. 28Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser Cristiano. 29Y Pablo dijo: ¡Pluguiese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones! 30Y como hubo dicho estas cosas, se levantó el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habían sentado con ellos; 31Y como se retiraron aparte, hablaban los unos a los otros, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre. 32Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser suelto, si no hubiera apelado a César.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 27 · Mateo 26
Personales
Ester 3 · Hechos 26