Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 9
1Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan; 2Porque si no lo quieres dejar ir, y los detuvieres aún, 3He aquí la mano de Jehová será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con pestilencia gravísima: 4Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel. 5Y Jehová señaló tiempo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. 6Y el día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno. 7Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se agravó, y no dejó ir al pueblo. 8Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante de Faraón: 9Y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, el cual originará sarpullido que cause tumores apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto. 10Y tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de Faraón, y esparcióla Moisés hacia el cielo; y vino un sarpullido que causaba tumores apostemados así en los hombres como en las bestias. 11Y los magos no podían estar delante de Moisés a causa de los tumores, porque hubo sarpullido en los magos y en todos los Egipcios. 12Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó; como Jehová lo había dicho a Moisés. 13Entonces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 14Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. 15Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de pestilencia, y serás quitado de la tierra. 16Y a la verdad yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea contado en toda la tierra. 17¿Todavía te ensalzas tú contra mi pueblo, para no dejarlos ir? 18He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fue en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora. 19Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido a casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá. 20De los siervos de Faraón el que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus criados y su ganado a casa: 21Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo. 22Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto. 23Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego discurría por la tierra; y llovió Jehová granizo sobre la tierra de Egipto. 24Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. 25Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. 26Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo. 27Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. 28Orad a Jehová: y cesen los truenos de Dios y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más. 29Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra. 30Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del Dios Jehová. 31El lino, pues, y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. 32Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tardíos. 33Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos a Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra. 34Y viendo Faraón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón, él y sus siervos. 35Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel; como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 12
1En esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos a otros se hollaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía. 2Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. 3Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, a la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados. 4Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer. 5Mas os enseñaré a quién temáis: temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: a este temed. 6¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos. 8Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. 10Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. 11Y cuando os trajeren a las sinagogas, y a los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo o qué hayáis de responder, o qué hayáis de decir; 12Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir. 13Y díjole uno de la compañía: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros? 15Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho; 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; 19Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate. 20Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. 22Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis. 23La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? 25¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir a su estatura un codo? 26Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás? 27Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28Y si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 29Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber; ni estéis en ansiosa perplejidad. 30Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. 31Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. 32No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino. 33Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. 34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. 35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas; 36Y vosotros semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y llamare, luego le abran. 37Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y pasando les servirá. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos. 39Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros pues también, estad apercibidos; porque a la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá. 41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? 42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que a tiempo les dé su ración? 43Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así. 44En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes. 45Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare a herir a los siervos y a las criadas, y a comer y a beber y a embriagarse; 46Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y a la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles. 47Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho. 48Mas el que no entendió, e hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque a cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido. 49Fuego vine a meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido? 50Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido! 51¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo; mas disensión. 52Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres. 53El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. 54Y decía también a las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. 55Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. 56¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo? 57¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo? 58Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 27
1Y reasumió Job su discurso, y dijo: 2Vive Dios, el cual ha apartado mi causa, y el Omnipotente, que amargó el alma mía, 3Que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y hubiere hálito de Dios en mis narices, 4Mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño. 5Nunca tal acontezca que yo os justifique: hasta morir no quitaré de mí mi integridad. 6Mi justicia tengo asida, y no la cederé: no me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida. 7Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo mi adversario. 8Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, por mucho que hubiere robado, cuando Dios arrebatare su alma? 9¿Oirá Dios su clamor cuando la tribulación sobre él viniere? 10¿Deleitaráse en el Omnipotente? ¿invocará a Dios en todo tiempo? 11Yo os enseñaré en orden a la mano de Dios: no esconderé lo que hay para con el Omnipotente. 12He aquí que todos vosotros lo habéis visto: ¿por qué pues os desvanecéis con fantasía? 13Esta es para con Dios la suerte del hombre impío, y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente. 14Si sus hijos fueren multiplicados, serán para el cuchillo; y sus pequeños no se hartarán de pan; 15Los que le quedaren, en muerte serán sepultados; y no llorarán sus viudas. 16Si amontonare plata como polvo, y si preparare ropa como lodo; 17Habrála él preparado, mas el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata. 18Edificó su casa como la polilla, y cual cabaña que el guarda hizo. 19El rico dormirá, mas no será recogido: abrirá sus ojos, mas él no será. 20Asirán de él terrores como aguas: torbellino lo arrebatará de noche. 21Lo antecogerá el solano, y partirá; y tempestad lo arrebatará del lugar suyo. 22Dios pues descargará sobre él, y no perdonará: hará él por huir de su mano. 23Batirán sus manos sobre él, y desde su lugar le silbarán.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Corintios 13
1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy. 3Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve. 4La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; 5No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; 6No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada; 9Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado. 11Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño. 12Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara a cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido. 13Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 9 · Lucas 12
Personales
Job 27 · 1 Corintios 13