Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 9
1Y fuése Abimelech hijo de Jerobaal a Sichêm, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo: 2Yo os ruego que habléis a oídos de todos los de Sichêm: ¿Qué tenéis por mejor, que os señoreen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal; o que os señoree un varón? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra. 3Y hablaron por él los hermanos de su madre a oídos de todos los de Sichêm todas estas palabras: y el corazón de ellos se inclinó en favor de Abimelech, porque decían: Nuestro hermano es. 4Y diéronle setenta siclos de plata del templo de Baal-berith, con los cuales Abimelech alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron. 5Y viniendo a la casa de su padre en Ophra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una piedra: mas quedó Jotham, el más pequeño hijo de Jerobaal, que se escondió. 6Y reunidos todos los de Sichêm con toda la casa de Millo, fueron y eligieron a Abimelech por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Sichêm. 7Y como se lo dijesen a Jotham, fue y púsose en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó, y díjoles: Oidme, varones de Sichêm; que Dios os oiga. 8Fueron los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron a la oliva: Reina sobre nosotros. 9Mas la oliva respondió: ¿Tengo de dejar mi pingüe jugo, con el que por mi causa Dios y los hombres son honrados, por ir a ser grande sobre los árboles? 10Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. 11Y respondió la higuera: ¿Tengo de dejar mi dulzura y mi buen fruto, por ir a ser grande sobre los árboles? 12Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. 13Y la vid les respondió: ¿Tengo de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, por ir a ser grande sobre los árboles? 14Dijeron entonces todos los árboles al escaramujo: Anda tú, reina sobre nosotros. 15Y el escaramujo respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra: y si no, fuego salga del escaramujo que devore los cedros del Líbano. 16Ahora pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelech, y si lo habéis hecho bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos; 17(Pues que mi padre peleó por vosotros, y echó lejos su vida por libraros de mano de Madián; 18Y vosotros os levantasteis hoy contra la casa de mi padre, y matasteis sus hijos, setenta varones, sobre una piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Sichêm a Abimelech, hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano:) 19Si con verdad y con integridad habéis obrado hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelech, y él goce de vosotros. 20Y si no, fuego salga de Abimelech, que consuma a los de Sichêm y a la casa de Millo; y fuego salga de los de Sichêm y de la casa de Millo, que consuma a Abimelech. 21Y huyó Jotham, y se fugó, y fuése a Beer, y allí se estuvo por causa de Abimelech su hermano. 22Y después que Abimelech hubo dominado sobre Israel tres años, 23Envió Dios un espíritu malo entre Abimelech y los hombres de Sichêm: que los de Sichêm se levantaron contra Abimelech: 24Para que el agravio de los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, viniera a ponerse sobre Abimelech su hermano que los mató, y sobre los hombres de Sichêm que corroboraron las manos de él para matar a sus hermanos. 25Y pusiéronle los de Sichêm asechadores en las cumbres de los montes, los cuales salteaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo que fue dado aviso a Abimelech. 26Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos, y pasáronse a Sichêm: y los de Sichêm se confiaron en él. 27Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñas, y pisaron la uva, e hicieron alegrías; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelech. 28Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelech y qué es Sichêm, para que nosotros a él sirvamos? ¿no es hijo de Jerobaal? ¿y no es Zebul su asistente? Servid a los varones de Hemor padre de Sichêm: mas ¿por qué habíamos de servir a él? 29Fuérame dado este pueblo bajo de mi mano, yo echaría luego a Abimelech. Y decía a Abimelech: Aumenta tus escuadrones, y sal. 30Y Zebul asistente de la ciudad, oyendo las palabras de Gaal hijo de Ebed, encendióse su ira; 31Y envió sagazmente mensajeros a Abimelech, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Sichêm, y he aquí, que han cercado la ciudad contra ti. 32Levántate pues ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscada en el campo: 33Y por la mañana al salir del sol te levantarás y acometerás la ciudad: y él y el pueblo que está con él saldrán contra ti, y tu harás con él según que se te ofrecerá. 34Levantándose pues de noche Abimelech y todo el pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Sichêm con cuatro compañías. 35Y Gaal hijo de Ebed salió, y púsose a la entrada de la puerta de la ciudad: y Abimelech y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada. 36Y viendo Gaal el pueblo, dijo a Zebul: He allí pueblo que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: La sombra de los montes te parece hombres. 37Mas Gaal tornó a hablar, y dijo: He allí pueblo que desciende por medio de la tierra, y un escuadrón viene camino de la campiña de Meonenim. 38Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora aquel tu hablar, diciendo: Quién es Abimelech para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues ahora, y pelea con él. 39Y Gaal salió delante de los de Sichêm, y peleó contra Abimelech. 40Mas persiguiólo Abimelech, delante del cual él huyó; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. 41Y Abimelech se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Sichêm. 42Y aconteció al siguiente día, que el pueblo salió al campo: y fue dado aviso a Abimelech. 43El cual, tomando gente, repartióla en tres compañías, y puso emboscadas en el campo: y como miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y levantóse contra ellos, e hiriólos: 44Pues Abimelech y el escuadrón que estaba con él, acometieron con ímpetu, y pararon a la entrada de la puerta de la ciudad; y las dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los hirieron. 45Y después de combatir Abimelech la ciudad todo aquel día, tomóla, y mató el pueblo que en ella estaba, y asoló la ciudad, y sembróla de sal. 46Como oyeron esto todos los que estaban en la torre de Sichêm, entráronse en la fortaleza del templo del dios Berith. 47Y fue dicho a Abimelech como todos los de la torre de Sichêm estaban reunidos. 48Entonces subió Abimelech al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelech un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola púsosela sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me veis a mí que hago, haced vosotros prestamente como yo. 49Y así todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelech, y pusiéronlas junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza: por manera que todos los de la torre de Sichêm murieron, como unos mil hombres y mujeres. 50Después Abimelech se fue a Thebes; y puso cerco a Thebes, y tomóla. 51En medio de aquella ciudad había una torre fuerte, a la cual se retiraron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, subiéronse al piso alto de la torre. 52Y vino Abimelech a la torre, y combatiéndola, llegóse a la puerta de la torre para pegarle fuego. 53Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelech, y quebróle los cascos. 54Y luego llamó él a su escudero, y díjole: Saca tu espada y mátame, porque no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió. 55Y como los Israelitas vieron muerto a Abimelech, fuéronse cada uno a su casa. 56Así pues pagó Dios a Abimelech el mal que hizo contra su padre matando a sus setenta hermanos. 57Y aun todo el mal de los hombres de Sichêm tornó Dios sobre sus cabezas: y la maldición de Jotham, hijo de Jerobaal, vino sobre ellos.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 13
1Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Bernabé, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado. 3Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos. 4Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia; y de allí navegaron a Cipro. 5Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenían también a Juan en el ministerio. 6Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judío, llamado Barjesús; 7El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oir la palabra de Dios. 8Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 9Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, 10Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11Ahora pues, he aquí la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él obscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese por la mano. 12Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 13Y partidos de Papho, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Pamphylia: entonces Juan, apartándose de ellos, se volvió a Jerusalem. 14Y ellos pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, y entrando en la sinagoga un día de sábado, sentáronse. 15Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron a ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad. 16Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que teméis a Dios, oid: 17El Dios del pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y ensalzó al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 18Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto; 19Y destruyendo siete naciones en la tierra de Canaán, les repartió por suerte la tierra de ellas. 20Y después, como por cuatrocientos y cincuenta años, dio les jueces hasta el profeta Samuel. 21Y entonces demandaron rey; y les dio Dios a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. 22Y quitado aquel, levantóles por rey a David, al que dio también testimonio, diciendo: He hallado a David, hijo de Jessé, varón conforme a mi corazón, el cual hará todo lo que yo quiero. 23De la simiente de este, Dios, conforme a la promesa, levantó a Jesús por Salvador a Israel; 24Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí, viene tras mí uno, cuyo calzado de los pies no soy digno de desatar. 26Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salud. 27Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo a este, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándo le, las cumplieron. 28Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron a Pilato que le matasen. 29Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. 30Mas Dios le levantó de los muertos. 31Y él fue visto por muchos días de los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo. 32Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fue hecha a los padres, 33La cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús: como también en el salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. 34Y que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, así lo dijo: Os daré las misericordias fieles de David. 35Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción. 36Porque a la verdad David, habiendo servido en su edad a la voluntad de Dios, durmió, y fue juntado con sus padres, y vio corrupción: 37Mas aquel que Dios levantó, no vio corrupción. 38Séaos pues notorio, varones hermanos, que por este os es anunciada remisión de pecados; 39Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en este es justificado todo aquel que creyere. 40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas; 41Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; porque yo obro una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare. 42Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras. 43Y despedida la congregación, muchos de los Judíos y de los religiosos prosélitos siguieron a Pablo y a Bernabé; los cuales hablándoles, les persuadían que permaneciesen en la gracia de Dios. 44Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oir la palabra de Dios. 45Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de celo, y se oponían a lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. 46Entonces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros a la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los Gentiles. 47Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra. 48Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 49Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia. 50Mas los Judíos concitaron mujeres pías y honestas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus términos. 51Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, vinieron a Iconio. 52Y los discípulos estaban llenos de gozo, y del Espíritu Santo.
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Jeremías 22
1Así dijo Jehová: Desciende a la casa del rey de Judá, y habla allí esta palabra, 2Y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus criados, y tu pueblo que entran por estas puertas. 3Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar. 4Porque si efectivamente hiciereis esta palabra, los reyes que en lugar de David se sientan sobre su trono, entrarán montados en carros y en caballos por las puertas de esta casa, ellos, y sus criados, y su pueblo. 5Mas si no oyereis estas palabras, por mí he jurado, dice Jehová, que esta casa será desierta. 6Porque así ha dicho Jehová sobre la casa del rey de Judá: Galaad eres tú para mí, y cabeza del Líbano: empero de cierto te pondré en soledad, y ciudades deshabitadas. 7Y señalaré contra ti disipadores, cada uno con sus armas; y cortarán tus cedros escogidos, y los echarán en el fuego. 8Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada uno a su compañero: ¿Por qué lo hizo así Jehová con esta grande ciudad? 9Y dirán: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y adoraron dioses ajenos, y les sirvieron. 10No lloréis al muerto, ni de él os condolezcáis: llorad amargamente por el que va; porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde nació. 11Porque así ha dicho Jehová, de Sallum hijo de Josías, rey de Judá, que reina por Josías su padre, que salió de este lugar: No volverá acá más; 12Antes morirá en el lugar adonde lo trasportaren, y no verá más esta tierra. 13¡Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! 14Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y airosas salas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón. 15¿Reinarás porque te cercas de cedro? ¿no comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien? 16El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová. 17Mas tus ojos y tu corazón no son sino a tu avaricia, y a derramar la sangre inocente, y a opresión, y a hacer agravio. 18Por tanto así ha dicho Jehová, de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay hermano mío! y ¡ay hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay señor! ¡ay su grandeza! 19En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalem. 20Sube al Líbano, y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son quebrantados. 21Hete hablado en tus prosperidades; mas dijiste: No oiré. Este fue tu camino desde tu juventud, que nunca oiste mi voz. 22A todos tus pastores pacerá el viento, y tus enamorados irán en cautiverio: entonces te avergonzarás y te confundirás a causa de toda tu malicia. 23Habitaste en el Líbano, hiciste tu nido en los cedros: ¡cómo gemirás cuando te vinieren dolores, dolor como de mujer que está de parto! 24Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacím rey de Judá fuese anillo en mi mano diestra, aun de allí te arrancaré; 25Y te entregaré en mano de los que buscan tu alma, y en mano de aquellos cuya vista temes; sí, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los Caldeos. 26Y hacerte he trasportar, a ti, y a tu madre que te parió, a tierra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis. 27Y a la tierra a la cual levantan ellos su alma para tornar, allá no volverán. 28¿Es este hombre Conías un ídolo vil quebrado? ¿es vaso con quien nadie se deleita? ¿Por qué fueron arrojados, él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido? 29¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. 30Así ha dicho Jehová: Escribid que será este hombre privado de generación, hombre a quien nada sucederá prósperamente en todos los días de su vida: porque ningún hombre de su simiente que se sentare sobre el trono de David, y que se enseñoreare sobre Judá, será jamás dichoso.
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Marcos 8
1En aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: 2Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer: 3Y si los enviare en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. 4Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? 5Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. 6Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dio a sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante a la multitud. 7Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 8Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. 9Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió. 10Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanutha. 11Y vinieron los Fariseos, y comenzaron a altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole. 12Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 13Y dejándolos, volvió a entrar en el barco, y se fue de la otra parte. 14Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco. 15Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes. 16Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos. 17Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón? 18¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis? 19Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. 20Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. 21Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis? 22Y vino a Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. 23Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo. 24Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles. 25Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26Y envióle a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. 27Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas. 29Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo. 30Y les apercibió que no hablasen de él a ninguno. 31Y comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 32Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender. 33Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. 34Y llamando a la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 9 · Hechos 13
Personales
Jeremías 22 · Marcos 8