Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 19
1Y habló Saúl a Jonathán su hijo, y a todos sus criados, para que matasen a David; mas Jonathán hijo de Saúl amaba a David en gran manera. 2Y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto mira ahora por ti hasta la mañana, y estáte en paraje oculto, y escóndete: 3Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estuvieres: y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que notare. 4Y Jonathán habló bien de David a Saúl su padre, y díjole: No peque el rey contra su siervo David, pues que ninguna cosa ha cometido contra ti: antes sus obras te han sido muy buenas; 5Porque él puso su alma en su palma, e hirió al Filisteo, y Jehová hizo una gran salud a todo Israel. Tú lo viste, y te holgaste: ¿por qué pues pecarás contra la sangre inocente, matando a David sin causa? 6Y oyendo Saúl la voz de Jonathán, juró: Vive Jehová, que no morirá. 7Llamando entonces Jonathán a David, declaróle todas estas palabras; y él mismo presentó a David a Saúl, y estuvo delante de él como antes. 8Y tornó a hacerse guerra: y salió David y peleó contra los Filisteos, e hiriólos con grande estrago, y huyeron delante de él. 9Y el espíritu malo de parte de Jehová fue sobre Saúl: y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tañendo con su mano. 10Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza en la pared; mas él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapóse aquella noche. 11Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo guardasen, y lo matasen a la mañana. Mas Michâl su mujer lo descubrió a David, diciendo: Si no salvares tu vida esta noche, mañana serás muerto. 12Y descolgó Michâl a David por una ventana; y él se fue, y huyó, y escapóse. 13Tomó luego Michâl una estatua, y púsola sobre la cama, y acomodóle por cabecera una almohada de pelos de cabra, y cubrióla con una ropa. 14Y cuando Saúl envió mensajeros que tomasen a David, ella respondió: Está enfermo. 15Y tornó Saúl a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate. 16Y como los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la cama, y una almohada de pelos de cabra por cabecera. 17Entonces Saúl dijo a Michâl: ¿Por qué me has así engañado, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Michâl respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré. 18Huyó pues David, y escapóse, y vino a Samuel en Rama, y díjole todo lo que Saúl había hecho con él. Y fuéronse él y Samuel, y moraron en Najoth. 19Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Najoth en Rama. 20Y envió Saúl mensajeros que trajesen a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí, y los presidía. Y fue el espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. 21Y hecho que fue saber a Saúl, él envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar por tercera vez mensajeros, y ellos también profetizaron. 22Entonces él mismo vino a Rama; y llegando al pozo grande que está en Sochô, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y fuéle respondido: He aquí están en Najoth en Rama. 23Y fue allá a Najoth en Rama; y también vino sobre él el espíritu de Dios, e iba profetizando, hasta que llegó a Najoth en Rama. 24Y él también se desnudó sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y cayó desnudo todo aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 1
1Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano, 2A la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y a todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestro: 3Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. 4Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús; 5Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda ciencia; 6Así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros: 7De tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo: 8El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo. 9Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor. 10Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. 11Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas; 12Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. 13¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? 14Doy gracias a Dios, que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo; 15Para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre. 16Y también bauticé la familia de Estéfanas: mas no sé si he bautizado algún otro. 17Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo. 18Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan, es a saber, a nosotros, es potencia de Dios. 19Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la inteligencia de los entendidos. 20¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? 21Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 22Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría: 23Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, a los Judíos ciertamente tropezadero, y a los Gentiles locura; 24Empero a los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios. 25Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres. 26Porque mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles; 27Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte; 28Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es: 29Para que ninguna carne se jacte en su presencia. 30Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención: 31Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
Lectura 3 de 4 · Personal
Lamentaciones 4
1¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡ Cómo el buen oro se ha demudado! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. 2Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero! 3Aun los monstruos marinos sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: la hija de mi pueblo es cruel, como los avestruces en el desierto. 4La lengua del niño de teta, de sed se pegó a su paladar: los chiquitos pidieron pan, y no hubo quien se lo partiese. 5Los que comían delicadamente, asolados fueron en las calles; los que se criaron en carmesí, abrazaron los estercoleros. 6Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías. 7Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más lustrosos que la leche, su compostura más rubicunda que los rubíes, más bellos que el zafiro: 8Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles: su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo. 9Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos del hambre; porque estos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. 10Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos; fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 11Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió fuego en Sion, que consumió sus fundamentos. 12Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem. 13Es por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos. 14Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados en sangre, de modo que no pudiesen tocar a sus vestiduras. 15Apartaos ¡inmundos!, les gritaban, Apartaos, apartaos, no toquéis. Cuando huyeron y fueron dispersos, dijeron entre las gentes: Nunca más morarán aquí. 16La ira de Jehová los apartó, no los mirará más: no respetaron la faz de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos. 17Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: en nuestra esperanza aguardamos gente que no puede salvar. 18Cazaron nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino. 19Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas. 20El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las gentes: fue preso en sus hoyos. 21Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará el cáliz; embriagarte has, y vomitarás. 22Cumplido es tu castigo, oh hija de Sion: nunca más te hará trasportar. Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; descubrirá tus pecados.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 35
1Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten. 2Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. 3Y saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salud. 4Avergüéncense y confúndanse los que buscan mi alma: vuelvan atrás, y sean avergonzados los que mi mal intentan. 5Sean como el tamo delante del viento; y el ángel de Jehová los acose. 6Sea su camino oscuridad y resbaladeros; y el ángel de Jehová los persiga. 7Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa hicieron hoyo para mi alma. 8Véngale el quebrantamiento que no sepa, y su red que escondió lo prenda: con quebrantamiento en ella caiga. 9Y gócese mi alma en Jehová; y alégrese en su salud. 10Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja? 11Levantáronse testigos falsos; demandáronme lo que no sabía; 12Volviéronme mal por bien, para abatir a mi alma. 13Mas yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se revolvía en mi seno. 14Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba. 15Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; juntáronse contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía: despedazábanme, y no cesaban; 16Con los lisonjeros escarnecedores truhanes, crujiendo sobre mí sus dientes. 17Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Recobra mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones. 18Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo. 19No se alegren de mí mis enemigos injustos: ni los que me aborrecen sin causa hagan del ojo. 20Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. 21Y ensancharon sobre mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto! 22Tú lo has visto, oh Jehová; no calles: Señor, de mí no te alejes. 23Muévete y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío. 24Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío; y no se alegren de mí. 25No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Hémoslo devorado! 26Avergüéncense, y sean confundidos a una los que de mi mal se alegran: vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. 27Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, que ama la paz de su siervo. 28Y mi lengua hablará de tu justicia, y de tu loor todo el día.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 19 · 1 Corintios 1
Personales
Lamentaciones 4 · Salmo 35