Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 10
1Y Jehová dijo a Moisés: Entra a Faraón; porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales; 2Y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que di entre ellos; y para que sepáis que yo soy Jehová. 3Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: Jehová, el Dios de los Hebreos, ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para que me sirvan. 4Y si aun rehusas dejarlo ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos, 5La cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo; comerá asimismo todo árbol que os produce fruto en el campo: 6Y llenarse han tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con Faraón. 7Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo nos ha de ser este por lazo? Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios; ¿aun no sabes que Egipto está destruído? 8Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados a Faraón, el cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir? 9Y Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de Jehová. 10Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros como yo os dejaré ir a vosotros y a vuestros niños: mirad como el mal está delante de vuestro rostro. 11No será así: id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová: pues esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de Faraón. 12Entonces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para langosta, a fin de que suba sobre el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó. 13Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y a la mañana el viento oriental trajo la langosta: 14Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal; 15Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de Egipto. 16Entonces Faraón hizo llamar apriesa a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros. 17Mas ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios que quite de mí solamente esta muerte. 18Y salió de con Faraón, y oró a Jehová. 19Y Jehová volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y arrojóla en el mar Bermejo: ni una langosta quedó en todo el término de Egipto. 20Mas Jehová endureció el corazón de Faraón; y no envió los hijos de Israel. 21Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cualquiera las palpe. 22Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tierra de Egipto. 23Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones. 24Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas: vayan también vuestros niños con vosotros. 25Y Moisés respondió: Tú también nos entregarás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. 26Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios; y no sabemos con qué hemos de servir a Jehová, hasta que lleguemos allá. 27Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. 28Y díjole Faraón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. 29Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 13
1Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. 2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? 3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. 4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? 5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo. 6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? 8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole. 9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después. 10Y enseñaba en una sinagoga en sábado. 11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar. 12Y como Jesús la vio, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba a Dios. 14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo a la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en día de sábado. 15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey o su asno del pesebre, y lo lleva a beber? 16Y a esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado? 17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas. 18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé? 19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. 20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios? 21Semejante es a la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. 22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando a Jerusalem. 23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis a estar fuera, y llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis. 26Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste; 27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad. 28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos. 29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros. 31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. 33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem. 34¡Jerusalem, Jerusalem! que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis, hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
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Job 28
1Ciertamente la plata tiene sus veneros, y el oro lugar donde se forma. 2El hierro se saca del polvo, y de la piedra es fundido el metal. 3A las tinieblas puso término, y examina todo a la perfección, las piedras que hay en la oscuridad y en la sombra de muerte. 4Brota el torrente de junto al morador, aguas que el pie había olvidado: sécanse luego, vanse del hombre. 5De la tierra nace el pan, y debajo de ella estará como convertida en fuego. 6Lugar hay cuyas piedras son zafiro, y sus polvos de oro. 7Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio: 8Nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella. 9En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz. 10De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado. 11Detuvo los ríos en su nacimiento, e hizo salir a luz lo escondido. 12Empero ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la prudencia? 13No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes. 14El abismo dice: No está en mí: y la mar dijo: Ni conmigo. 15No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. 16No puede ser apreciada con oro de Ophir, ni con onique precioso, ni con zafiro. 17El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se trocará por vaso de oro fino. 18De coral ni de perlas no se hará mención: la sabiduría es mejor que piedras preciosas. 19No se igualará con ella esmeralda de Ethiopía; no se podrá apreciar con oro fino. 20¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la inteligencia? 21Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta. 22El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos. 23Dios entiende el camino de ella, y él conoce su lugar. 24Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo. 25Al dar peso al viento, y poner las aguas por medida; 26Cuando él hizo ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos; 27Entonces la veía él, y la manifestaba; preparóla y descubrióla también. 28Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal la inteligencia.
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1 Corintios 14
1Seguid la caridad; y procurad los dones espirituales, mas sobre todo que profeticéis. 2Porque el que habla en lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios. 3Mas el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación, y consolación. 4El que habla lengua extraña, a sí mismo se edifica; mas el que profetiza, edifica a la iglesia. 5Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas, empero más que profetizaseis: porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si también no interpretare, para que la iglesia tome edificación. 6Ahora pues, hermanos, si yo fuere a vosotros hablando lenguas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, o con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? 7Ciertamente las cosas inanimadas que hacen sonidos, como la flauta o la vihuela, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con la flauta, o con la vihuela? 8Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá a la batalla? 9Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien significante, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire. 10Tantos géneros de voces, por ejemplo, hay en el mundo, y nada hay mudo; 11Mas si yo ignorare el valor de la voz, seré bárbaro al que habla, y el que habla será bárbaro para mí. 12Así también vosotros; pues que anheláis espirituales dones, procurad ser excelentes para la edificación de la iglesia. 13Por lo cual, el que habla lengua extraña, pida que la interprete. 14Porque si yo orare en lengua desconocida, mi espíritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto. 15¿Qué pues? Oraré con el espíritu, mas oraré también con entendimiento; cantaré con el espíritu, mas cantaré también con entendimiento. 16Porque si bendijeres con el espíritu, el que ocupa lugar de un mero particular, ¿cómo dirá amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. 17Porque tú, a la verdad, bien haces gracias; mas el otro no es edificado. 18Doy gracias a Dios que hablo lenguas más que todos vosotros: 19Pero en la iglesia más quiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. 20Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia: empero perfectos en el sentido. 21En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. 22Así que, las lenguas por señal son, no a los fieles, sino a los infieles: mas la profecía, no a los infieles, sino a los fieles. 23De manera que, si toda la iglesia se juntare en uno, y todos hablan lenguas, y entran indoctos o infieles, ¿no dirán que estáis locos? 24Mas si todos profetizan, y entra algún infiel o indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado; 25Lo oculto de su corazón se hace manifiesto: y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros. 26¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: hágase todo para edificación. 27Si hablare alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; mas uno interprete. 28Y si no hubiere intérprete, calle en la iglesia, y hable a sí mismo y a Dios. 29Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero. 31Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 32Y los espíritus de los que profetizaren, sujétense a los profetas; 33Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos. 34Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley dice. 35Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregación. 36Qué, ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿o a vosotros solos ha llegado? 37Si alguno a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor. 38Mas el que ignora, ignore. 39Así que, hermanos, procurad profetizar; y no impidáis el hablar lenguas. 40Empero hágase todo decentemente y con orden.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 10 · Lucas 13
Personales
Job 28 · 1 Corintios 14