Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 7

1Dijo entonces Eliseo: Oid palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seah de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. 2Y un príncipe sobre cuya mano el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. 3Y había cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? 4Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los Siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos. 5Levantáronse pues en el principio de la noche, para irse al campo de los Siros; y llegando a las primeras estancias de los Siros, no había allí hombre. 6Porque el Señor había hecho que en el campo de los Siros se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de grande ejército; y dijéronse los unos a los otros: He aquí el rey de Israel ha pagado contra nosotros a los reyes de los Hetheos, y a los reyes de los Egipcios, para que vengan contra nosotros. 7Y así se habían levantado y huído al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba; y habían huído por salvar las vidas. 8Y como los leprosos llegaron a las primeras estancias, entráronse en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, y oro, y vestidos, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron, y escondieron. 9Y dijéronse el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Vamos pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey. 10Y vinieron, y dieron voces a los guardas de la puerta de la ciudad, y declaráronles, diciendo: Nosotros fuimos al campo de los Siros, y he aquí que no había allí hombre, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campo como se estaba. 11Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro, en el palacio del rey. 12Y levantóse el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los Siros. Ellos saben que tenemos hambre, y hanse salido de las tiendas y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. 13Entonces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, (porque ellos también son como toda la multitud de Israel que ha quedado en ella; también ellos son como toda la multitud de Israel que ha perecido;) y enviemos, y veamos qué hay. 14Tomaron pues dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los Siros, diciendo: Id, y ved. 15Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el Jordán: y he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los Siros habían arrojado con la premura. Y volvieron los mensajeros, e hiciéronlo saber al rey. 16Entonces el pueblo salió, y saquearon el campo de los Siros. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seah de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. 17Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuya mano él se apoyaba: y atropellóle el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, lo que habló cuando el rey descendió a él. 18Aconteció pues de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seah de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria. 19A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Aunque Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera ser eso? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. 20Y vínole así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Timoteo 4

1Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios; 2Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia. 3Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios crio para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad. 4Porque todo lo que Dios crio es bueno, y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias: 5Porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. 6Si esto propusieres a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, criado en las palabras de la fe y de la buena doctrina, la cual has alcanzado. 7Mas las fábulas profanas y de viejas desecha, y ejercítate para la piedad. 8Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. 9Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos. 10Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. 11Esto manda y enseña. 12Ninguno tenga en poco tu juventud; pero sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en limpieza. 13Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar. 14No descuides el don que está en ti, que te es dado por profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15Medita estas cosas; ocúpate en ellas; para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, a ti mismo salvarás y a los que te oyeren.
Lectura 3 de 4 · Personal

Daniel 11

1Y en el año primero de Darío el de Media, yo estuve para animarlo y fortalecerlo. 2Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aun habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos; y fortificándose con sus riquezas, despertará a todos contra el reino de Javán. 3Levantaráse luego un rey valiente, el cual se enseñoreará sobre gran dominio, y hará su voluntad. 4Pero cuando estará enseñoreado, será quebrantado su reino, y repartido por los cuatro vientos del cielo; y no a sus descendientes, ni según el señorío con que él se enseñoreó: porque su reino será arrancado, y para otros fuera de aquellos. 5Y haráse fuerte el rey del mediodía: mas uno de los príncipes de aquel le sobrepujará, y se hará poderoso; su señorío será grande señorío. 6Y al cabo de años se concertarán, y la hija del rey del mediodía vendrá al rey del norte para hacer los conciertos. Empero ella no podrá retener la fuerza del brazo: ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella, y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo. 7Mas del renuevo de sus raíces se levantará uno sobre su silla, y vendrá con ejército, y entrará en la fortaleza del rey del norte, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará. 8Y aun los dioses de ellos, con sus príncipes, con sus vasos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto: y por años se mantendrá él contra el rey del norte. 9Así entrará en el reino el rey del mediodía, y volverá a su tierra. 10Mas los hijos de aquel se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos: y vendrá a gran priesa, e inundará, y pasará, y tornará, y llegará con ira hasta su fortaleza. 11Por lo cual se enfurecerá el rey del mediodía, y saldrá, y peleará con el mismo rey del norte; y pondrá en campo gran multitud, y toda aquella multitud será entregada en su mano. 12Y la multitud se ensoberbecerá, elevaráse su corazón, y derribará muchos millares; mas no prevalecerá. 13Y el rey del norte volverá a poner en campo mayor multitud que primero, y a cabo del tiempo de años vendrá a gran priesa con grande ejército y con muchas riquezas. 14Y en aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del mediodía; e hijos de disipadores de tu pueblo se levantarán para confirmar la profecía, y caerán. 15Vendrá pues el rey del norte, y fundará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y los brazos del mediodía no podrán permanecer, ni su pueblo escogido, ni habrá fortaleza que pueda resistir. 16Y el que vendrá contra él, hará a su voluntad, ni habrá quien se le pueda parar delante; y estará en la tierra deseable, la cual será consumida en su poder. 17Pondrá luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquel cosas rectas, y darále una hija de mujeres para trastornarla: mas no estará ni será por él. 18Volverá después su rostro a las islas, y tomará muchas; mas un príncipe le hará parar su afrenta, y aun tornará sobre él su oprobio. 19Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra: mas tropezará y caerá, y no parecerá más. 20Entonces sucederá en su silla uno que hará pasar exactor por la gloria del reino; mas en pocos días será quebrantado, no en enojo, ni en batalla. 21Y sucederá en su lugar un vil, al cual no darán la honra del reino: vendrá empero con paz, y tomará el reino con halagos. 22Y con los brazos de inundación serán inundados delante de él, y serán quebrantados; y aun también el príncipe del pacto. 23Y después de los conciertos con él, él hará engaño, y subirá, y saldrá vencedor con poca gente. 24Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; presa, y despojos, y riquezas repartirá a sus soldados; y contra las fortalezas formará sus designios: y esto por tiempo. 25Y despertará sus fuerzas y su corazón contra el rey del mediodía con grande ejército: y el rey del mediodía se moverá a la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición. 26Aun los que comerán su pan, le quebrantarán; y su ejército será destruído, y caerán muchos muertos. 27Y el corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa tratarán mentira: mas no servirá de nada, porque el plazo aun no es llegado. 28Y volveráse a su tierra con grande riqueza, y su corazón será contra el pacto santo: hará pues, y volveráse a su tierra. 29Al tiempo señalado tornará al mediodía; mas no será la postrera venida como la primera. 30Porque vendrán contra él naves de Chîttim, y él se contristará, y se volverá, y enojaráse contra el pacto santo, y hará: volveráse pues, y pensará en los que habrán desamparado el santo pacto. 31Y serán puestos brazos de su parte; y contaminarán el santuario de fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación espantosa. 32Y con lisonjas hará pecar a los violadores del pacto: mas el pueblo que conoce a su Dios, se esforzará, y hará. 33Y los sabios del pueblo darán sabiduría a muchos: y caerán a cuchillo y a fuego, en cautividad y despojo, por días. 34Y en su caer serán ayudados de pequeño socorro: y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. 35Y algunos de los sabios caerán para ser purgados, y limpiados, y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado: porque aun para esto hay plazo. 36Y el rey hará a su voluntad; y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y será prosperado, hasta que sea consumada la ira: porque hecha está determinación. 37Y del Dios de sus padres no se cuidará, ni del amor de las mujeres: ni se cuidará de dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá. 38Mas honrará en su lugar al dios Mauzim, dios que sus padres no conocieron: honrarálo con oro, y plata, y piedras preciosas, y con cosas de gran precio. 39Y con el dios ajeno que conocerá, hará a los baluartes de Mauzim crecer en gloria: y harálos enseñorear sobre muchos, y por interés repartirá la tierra. 40Empero al cabo del tiempo el rey del mediodía se acorneará con él; y el rey del norte levantará contra él como tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchos navíos; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará. 41Y vendrá a la tierra deseable, y muchas provincias caerán; mas estas escaparán de su mano: Edom, y Moab, y lo primero de los hijos de Ammón. 42Asimismo extenderá su mano a las otras tierras, y no escapará el país de Egipto. 43Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto, de Libia, y Etiopía por donde pasará. 44Mas nuevas de oriente y del norte lo espantarán; y saldrá con grande ira para destruir y matar muchos. 45Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares, en el monte deseable del santuario; y vendrá hasta su fin, y no tendrá quien le ayude.
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Salmo 119:25-48

25Pegóse al polvo mi alma: vivifícame según tu palabra. 26Mis caminos te conté, y me has respondido: enséñame tus estatutos. 27Hazme entender el camino de tus mandamientos, y hablaré de tus maravillas. 28Deshácese mi alma de ansiedad: corrobórame según tu palabra. 29Aparta de mí camino de mentira; y hazme la gracia de tu ley. 30Escogí el camino de la verdad; he puesto tus juicios delante de mí. 31Allegádome he a tus testimonios; oh Jehová, no me avergüences. 32Por el camino de tus mandamientos correré, cuando ensanchares mi corazón. 33Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y guardarélo hasta el fin. 34Dame entendimiento, y guardaré tu ley; y la observaré de todo corazón. 35Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi voluntad. 36Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. 37Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. 38Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. 39Quita de mí el oprobio que he temido: porque buenos son tus juicios. 40He aquí yo he codiciado tus mandamientos: vivifícame en tu justicia. 41Y venga a mí tu misericordia, oh Jehová; tu salud, conforme a tu dicho. 42Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado. 43Y no quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad; porque a tu juicio espero. 44Y guardaré tu ley siempre, por siglo de siglo. 45Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos. 46Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré. 47Y deleitaréme en tus mandamientos, que he amado. 48Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos, que amé; y meditaré en tus estatutos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 7 · 1 Timoteo 4
Personales
Daniel 11 · Salmo 119:25-48