Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 8

1Y habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde pudieres; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá también sobre la tierra siete años. 2Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo: y partióse ella con su familia, y vivió en tierra de los Filisteos siete años. 3Y como fueron pasados los siete años, la mujer volvió de la tierra de los Filisteos: después salió para clamar al rey por su casa, y por sus tierras. 4Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Ruégote que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo. 5Y contando él al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí la mujer, a cuyo hijo había hecho vivir, que clamaba al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir. 6Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey le dio un eunuco, diciéndole: Hazle volver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de las tierras desde el día que dejó el país hasta ahora. 7Eliseo se fue luego a Damasco, y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí. 8Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Tengo de sanar de esta enfermedad? 9Tomó pues Hazael en su mano un presente de todos los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y saliólo a recibir: y llegó, y púsose delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad, rey de Siria, me ha enviado a ti, diciendo: ¿Tengo de sanar de esta enfermedad? 10Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente vivirás. Empero Jehová me ha mostrado que él ha de morir ciertamente. 11Y el varón de Dios le volvió el rostro afirmadamente, y estúvose así una gran pieza; y lloró el varón de Dios. 12Entonces díjole Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que has de hacer a los hijos de Israel: a sus fortalezas pegarás fuego, y a sus mancebos matarás a cuchillo, y estrellarás a sus niños, y abrirás a sus preñadas. 13Y Hazael dijo: ¿Por qué? ¿es tu siervo perro, que hará esta gran cosa? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú has de ser rey de Siria. 14Y él se partió de Eliseo, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Díjome que seguramente vivirás. 15El día siguiente tomó un paño basto, y metiólo en agua, y tendiólo sobre el rostro de Ben-adad, y murió: y reinó Hazael en su lugar. 16En el quinto año de Joram hijo de Achâb rey de Israel, y siendo Josaphat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josaphat rey de Judá. 17De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalem. 18Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Achâb, porque una hija de Achâb fue su mujer; e hizo lo malo en ojos de Jehová. 19Con todo eso, Jehová no quiso cortar a Judá, por amor de David su siervo, como le había prometido darle lámpara de sus hijos perpetuamente. 20En su tiempo se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá, y pusieron rey sobre sí. 21Joram por tanto pasó a Seir, y todos sus carros con él: y levantándose de noche hirió a los Idumeos, los cuales le habían cercado, y a los capitanes de los carros: y el pueblo huyó a sus estancias. 22Sustrájose no obstante Edom de bajo la mano de Judá, hasta hoy. Rebelóse además Libna en el mismo tiempo. 23Lo demás de los hechos de Joram, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 24Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en lugar suyo Ochôzías, su hijo. 25En el año doce de Joram hijo de Achâb rey de Israel, comenzó a reinar Ochôzías hijo de Joram rey de Judá. 26De veintidós años era Ochôzías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fue Athalía hija de Omri rey de Israel. 27Y anduvo en el camino de la casa de Achâb, e hizo lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Achâb: porque era yerno de la casa de Achâb. 28Y fue a la guerra con Joram hijo de Achâb a Ramoth de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los Siros hirieron a Joram. 29Y el rey Joram se volvió a Jezreel, para curarse de las heridas que los Siros le hicieron delante de Ramoth, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ochôzías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Achâb en Jezreel, porque estaba enfermo.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Timoteo 5

1No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre: a los más jóvenes, como a hermanos; 2A las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. 3Honra a las viudas que en verdad son viudas. 4Pero si alguna viuda tuviere hijos, o nietos, aprendan primero a gobernar su casa piadosamente, y a recompensar a sus padres: porque esto es lo honesto y agradable delante de Dios. 5Ahora, la que en verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y es diligente en suplicaciones y oraciones noche y día. 6Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta. 7Denuncia pues estas cosas, para que sean sin reprensión. 8Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel. 9La viuda sea puesta en clase especial, no menos que de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido. 10Que tenga testimonio en buenas obras; si crio hijos; si ha ejercitado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha seguido toda buena obra. 11Pero viudas más jóvenes no admitas: porque después de hacerse licenciosas contra Cristo, quieren casarse. 12Condenadas ya, por haber falseado la primera fe. 13Y aun también se acostumbran a ser ociosas, a andar de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también parleras y curiosas, hablando lo que no conviene. 14Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasión den al adversario para maldecir. 15Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás. 16Si algún fiel o alguna fiel tiene viudas, manténgalas, y no sea gravada la iglesia; a fin de que haya lo suficiente para las que de verdad son viudas. 17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18Porque la Escritura dice: No embozarás al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal. 19Contra el anciano no recibas acusación sino con dos o tres testigos. 20A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros también teman. 21Te requiero delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicio de nadie, que nada hagas inclinándote a la una parte. 22No impongas de ligero las manos a ninguno, ni comuniques en pecados ajenos: consérvate en limpieza. 23No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades. 24Los pecados de algunos hombres, antes que vengan ellos a juicio, son manifiestos; mas a otros les vienen después. 25Asimismo las buenas obras antes son manifiestas; y las que son de otra manera, no pueden esconderse.
Lectura 3 de 4 · Personal

Daniel 12

1Y en aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro. 2Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4Tú empero Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin: pasarán muchos, y multiplicaráse la ciencia. 5Y yo, Daniel, miré, y he aquí otros dos que estaban, el uno de esta parte a la orilla del río, y el otro de la otra parte a la orilla del río. 6Y dijo uno al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas? 7Y oía al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el Viviente en los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad. Y cuando se acabare el esparcimiento del escuadrón del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas. 8Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿qué será el cumplimiento de estas cosas? 9Y dijo: Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del cumplimiento. 10Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos. 11Y desde el tiempo que fuere quitado el continuo sacrificio hasta la abominación espantosa, habrá mil doscientos y noventa días. 12Bienaventurado el que esperare, y llegare hasta mil trescientos treinta y cinco días. 13Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días.
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Salmo 119:49-72

49Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. 50Esta es mi consuelo en mi aflicción: porque tu dicho me ha vivificado. 51Los soberbios se burlaron mucho de mí: mas no me he apartado de tu ley. 52Acordéme, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y consoléme. 53Horror se apoderó de mí, a causa de los impíos que dejan tu ley. 54Cánticos me fueron tus estatutos en la mansión de mis peregrinaciones. 55Acordéme en la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley. 56Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. 57Mi porción, oh Jehová, dije, será guardar tus palabras. 58Tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu palabra. 59Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios. 60Apresuréme, y no me retardé en guardar tus mandamientos. 61Compañías de impíos me han robado: mas no me he olvidado de tu ley. 62A media noche me levantaba a alabarte sobre los juicios de tu justicia. 63Compañero soy yo de todos los que te temieren y guardaren tus mandamientos. 64De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra: enséñame tus estatutos. 65Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra. 66Enséñame bondad de sentido y sabiduría; porque tus mandamientos he creído. 67Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. 68Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. 69Contra mí forjaron mentira los soberbios: mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos. 70Engrasóse el corazón de ellos como sebo; mas yo en tu ley me he deleitado. 71Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. 72Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 8 · 1 Timoteo 5
Personales
Daniel 12 · Salmo 119:49-72