Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 9

1Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y díjole: Ciñe tus lomos, y toma esta alcuza de aceite en tu mano, y ve a Ramoth de Galaad. 2Y cuando llegares allá, verás allí a Jehú hijo de Josaphat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y mételo en la recámara. 3Toma luego la alcuza de aceite, y derrámala sobre su cabeza, y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes. 4Fue pues el mozo, el mozo del profeta, a Ramoth de Galaad. 5Y como él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Y Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe. 6Y él se levantó, y entróse en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y díjole: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. 7Y herirás la casa de Achâb tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. 8Y perecerá toda la casa de Achâb, y talaré de Achâb todo meante a la pared, así al guardado como al desamparado en Israel. 9Y yo pondré la casa de Achâb como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahía. 10Y a Jezabel comerán perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir. 11Después salió Jehú a los siervos de su señor, y dijéronle: ¿Hay paz? ¿para qué entró a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras. 12Y ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. 13Entonces tomaron prestamente su ropa, y púsola cada uno debajo de él en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey. 14Así conjuró Jehú hijo de Josaphat hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba Joram guardando a Ramoth de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria. 15Habíase empero vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los Siros le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel. 16Entonces Jehú cabalgó, y fuése a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También Ochôzías rey de Judá había descendido a visitar a Joram. 17Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel, vio la cuadrilla de Jehú, que venía, y dijo: Yo veo una cuadrilla. Y Joram dijo: Toma uno de a caballo, y envía a reconocerlos, y que les diga: ¿Hay paz? 18Fue pues el de a caballo a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve. 19Entonces envió otro de a caballo, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí. 20El atalaya volvió a decir: También este llegó a ellos y no vuelve: mas el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente. 21Entonces Joram dijo: Unce. Y uncido que fue su carro, salió Joram rey de Israel, y Ochôzías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Naboth de Jezreel. 22Y en viendo Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? 23Entonces Joram volviendo la mano huyó, y dijo a Ochôzías: ¡Traición, Ochôzías! 24Mas Jehú flechó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas, y la saeta salió por su corazón, y cayó en su carro. 25Dijo luego Jehú a Bidkar su capitán: Tómalo y échalo a un cabo de la heredad de Naboth de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Achâb su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo: 26Que yo he visto ayer las sangres de Naboth, y las sangres de sus hijos, dijo Jehová; y tengo de darte la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues ahora, y échalo en la heredad, conforme a la palabra de Jehová. 27Y viendo esto Ochôzías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y siguiólo Jehú, diciendo: Herid también a este en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y él huyó a Megiddo, y murió allí. 28Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalem, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David. 29En el undécimo año de Joram hijo de Achâb, comenzó a reinar Ochôzías sobre Judá. 30Vino después Jehú a Jezreel: y como Jezabel lo oyó, adornó sus ojos con alcohol, y atavió su cabeza, y asomóse a una ventana. 31Y como entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor? 32Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién es conmigo? ¿quién? Y miraron hacia él dos o tres eunucos. 33Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron: y parte de su sangre fue salpicada en la pared, y en los caballos; y él la atropelló. 34Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver aquella maldita, y sepultadla; que es hija de rey. 35Empero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos. 36Y volvieron, y dijéronselo. Y él dijo: La palabra de Dios es esta, la cual él habló por mano de su siervo Elías Thisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel. 37Y el cuerpo de Jezabel fue cual estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel; de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Timoteo 6

1Todos los que están debajo del yugo de servidumbre, tengan a sus señores por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre del Señor y la doctrina. 2Y los que tienen amos fieles, no los tengan en menos, por ser hermanos; antes sírvanles mejor, por cuanto son fieles y amados, y partícipes del beneficio. Esto enseña y exhorta. 3Si alguno enseña otra cosa, y no asiente a sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad; 4Es hinchado, nada sabe, y enloquece acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas sospechas, 5Porfías de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjería: apártate de los tales. 6Empero grande granjería es la piedad con contentamiento. 7Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto. 9Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. 10Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 11Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre. 12Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos. 13Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato, 14Que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo: 15La cual a su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores; 16Quien solo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver: al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén. 17A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos: 18Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen; 19Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano a la vida eterna. 20Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia: 21La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amén.
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Oseas 1

1Palabra de Jehová que fue a Oseas hijo de Beeri, en días de Ozías, Joathán, Achâz, y Ezechîas, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas, rey de Israel. 2El principio de la palabra de Jehová con Oseas. Y dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicaciones: porque la tierra se dará a fornicar apartándose de Jehová. 3Fue pues, y tomó a Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le parió un hijo. 4Y díjole Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo visitaré las sangres de Jezreel sobre la casa de Jehú, y haré cesar el reino de la casa de Israel. 5Y acaecerá que en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel. 6Y concibió aún, y parió una hija. Y díjole Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama: porque no más tendré misericordia de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. 7Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y salvarélos en Jehová su Dios: y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni caballeros. 8Y después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y parió un hijo. 9Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi: porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. 10Con todo será el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, que ni se puede medir ni contar. Y será, que donde se les ha dicho: Vosotros no sois mi pueblo, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. 11Y los hijos de Judá y de Israel serán congregados en uno, y levantarán para sí una cabeza, y subirán de la tierra: porque el día de Jezreel será grande.
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Salmo 119:73-96

73Tus manos me hicieron y me formaron: hazme entender, y aprenderé tus mandamientos. 74Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque en tu palabra he esperado. 75Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste. 76Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. 77Vengan a mí tus misericordias, y viva; porque tu ley es mi deleite. 78Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero, meditaré en tus mandamientos. 79Tórnense a mí los que te temen y conocen tus testimonios. 80Sea mi corazón íntegro en tus estatutos; porque no sea yo avergonzado. 81Desfallece mi alma por tu salud, esperando en tu palabra. 82Desfallecieron mis ojos por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? 83Porque estoy como el odre al humo; mas no he olvidado tus estatutos. 84¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? 85Los soberbios me han cavado hoyos; mas no obran según tu ley. 86Todos tus mandamientos son verdad: sin causa me persiguen; ayúdame. 87Casi me han echado por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. 88Vivifícame conforme a tu misericordia; y guardaré los testimonios de tu boca. 89Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. 90Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. 91Por tu ordenación perseveran hasta hoy las cosas criadas; porque todas ellas te sirven. 92Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya en mi aflicción hubiera perecido. 93Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. 94Tuyo soy yo, guárdame; porque he buscado tus mandamientos. 95Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. 96A toda perfección he visto fin: ancho sobremanera es tu mandamiento.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 9 · 1 Timoteo 6
Personales
Oseas 1 · Salmo 119:73-96