Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 10
1Y tenía Achâb en Samaria setenta hijos; y escribió letras Jehú, y enviólas a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Achâb, diciendo: 2Luego en llegando estas letras a vosotros los que tenéis los hijos de vuestro señor, y los que tenéis carros y gente de a caballo, la ciudad pertrechada, y las armas, 3Mirad cuál es el mejor y él más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor. 4Mas ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resistiremos nosotros? 5Y el mayordomo, y el presidente de la ciudad, y los ancianos, y los ayos, enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandares: no elegiremos por rey a ninguno; tú harás lo que bien te pareciere. 6El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los varones hijos de vuestro señor, y venid mañana a estas horas a mí a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban. 7Y como las letras llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastillos, y enviáronselas a Jezreel. 8Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Traído han las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana. 9Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos: he aquí yo he conspirado contra mi señor, y lo he muerto: ¿mas quién ha muerto a todos estos? 10Sabed ahora que de la palabra de Jehová que habló sobre la casa de Achâb, nada caerá en tierra: y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías. 11Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Achâb en Jezreel, y a todos sus príncipes, y a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, que no le quedó ninguno. 12Y levantóse de allí, y vino a Samaria; y llegando él en el camino a una casa de esquileo de pastores, 13Halló allí a los hermanos de Ochôzías rey de Judá, y díjoles: ¿Quién sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ochôzías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina. 14Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, degolláronlos junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos. 15Partiéndose luego de allí encontróse con Jonadab hijo de Rechâb; y después que lo hubo saludado, díjole: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio su mano. Hízolo luego subir consigo en el carro. 16Y díjole: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Pusiéronlo pues en su carro. 17Y luego que hubo Jehú llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Achâb en Samaria, hasta extirparlos, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías. 18Y juntó Jehú todo el pueblo, y díjoles: Achâb sirvió poco a Baal; mas Jehú lo servirá mucho. 19Llamadme pues luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos, y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrifico para Baal; cualquiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para destruir a los que honraban a Baal. 20Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron. 21Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, que no faltó ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de cabo a cabo. 22Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos lo siervos de Baal. Y él les sacó vestimentas. 23Y entró Jehú con Jonadab hijo de Rechâb en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que por dicha no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino solos los siervos de Baal. 24Y como ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera ochenta hombres, y díjoles: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro. 25Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los hirieron a cuchillo: y dejáronlos tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad del templo de Baal. 26Y sacaron las estatuas de la casa de Baal, y quemáronlas. 27Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron la casa de Baal, e hiciéronla necesaria, hasta hoy. 28Así extinguió Jehú a Baal de Israel. 29Con todo eso Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; a saber, de en pos de los becerros de oro que estaban en Beth-el y en Dan. 30Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Achâb conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación. 31Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel. 32En aquellos días comenzó Jehová a talar en Israel: e hiriólos Hazael en todos los términos de Israel, 33Desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén, y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, a Galaad y a Basán. 34Lo demás de los hechos de Jehú, y todas las cosas que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 35Y durmió Jehú con sus padres, y sepultáronlo en Samaria: y reinó en su lugar Joachâz su hijo. 36El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria, fue veintiocho años.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Timoteo 1
1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia, y paz de Dios el Padre y de Jesucristo nuestro Señor. 3Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y día; 4Deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo; 5Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también. 6Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos. 7Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza. 8Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo; antes sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios, 9Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio; 11Del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los Gentiles. 12Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 13Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros. 15Ya sabes esto, que me han sido contrarios todos los que son en Asia, de los cuales son Figello y Hermógenes. 16Dé el Señor misericordia a la casa de Onesíforo; que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena: 17Antes, estando él en Roma, me buscó solícitamente, y me halló. 18Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.
Lectura 3 de 4 · Personal
Oseas 2
1Decid a vuestros hermanos, Ammi, y a vuestras hermanas, Ruhama: 2Pleitead con vuestra madre, pleitead; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; quite pues sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos; 3No sea que yo la despoje desnuda, y la haga tornar como el día en que nació, y la ponga como un desierto, y la deje como tierra seca, y la mate de sed. 4Ni tendré misericordia de sus hijos: porque son hijos de fornicaciones. 5Porque su madre fornicó; la que los engendró fue avergonzada; porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida. 6Por tanto, he aquí yo cerco tu camino con espinas, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. 7Y seguirá sus amantes, y no los alcanzará; buscarálos, y no los hallará. Entonces dirá: Iré, y volveréme a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora. 8Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, y el vino, y el aceite, y que les multipliqué la plata y el oro con que hicieron a Baal. 9Por tanto yo tornaré, y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez. 10Y ahora descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano. 11Y haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus sábados, y todas sus festividades. 12Y haré talar sus vides y sus higueras, de que ha dicho: Mi salario me son, que me han dado mis amantes. Y reducirélas a un matorral, y las comerán las bestias del campo. 13Y visitaré sobre ella los tiempos de los Baales, a los cuales incensaba, y adornábase de sus zarcillos y de sus joyeles, e íbase tras sus amantes olvidada de mí, dice Jehová. 14Empero he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. 15Y daréle sus viñas desde allí, y el valle de Achôr por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto. 16Y será que en aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Marido mío, y nunca más me llamarás Baali. 17Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mentados por sus nombres. 18Y haré por ellos concierto en aquel tiempo con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las serpientes de la tierra: y quebraré arco, y espada, y batalla de la tierra, y harélos dormir seguros. 19Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia, y juicio, y misericordia, y miseraciones. 20Y te desposaré conmigo en fe, y conocerás a Jehová. 21Y será que en aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra; 22Y la tierra responderá al trigo, y al vino, y al aceite, y ellos responderán a Jezreel. 23Y sembraréla para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama: y diré a Lo-ammi: Pueblo mío tú; y él dirá: Dios mío.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 119:97-120
97¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación. 98Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos; porque me son eternos. 99Más que todos mis enseñadores he entendido: porque tus testimonios son mi meditación. 100Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos. 101De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. 102No me aparté de tus juicios; porque tú me enseñaste. 103¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. 104De tus mandamientos he adquirido inteligencia: por tanto he aborrecido todo camino de mentira. 105Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. 106Juré y ratifiqué el guardar los juicios de tu justicia. 107Afligido estoy en gran manera: oh Jehová, vivifícame conforme a tu palabra. 108Ruégote, oh Jehová, te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca; y enséñame tus juicios. 109De continuo está mi alma en mi mano: mas no me he olvidado de tu ley. 110Pusiéronme lazo los impíos: empero yo no me desvié de tus mandamientos. 111Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. 112Mi corazón incliné a poner por obra tus estatutos de continuo, hasta el fin. 113Los pensamientos vanos aborrezco; mas amo tu ley. 114Mi escondedero y mi escudo eres tú: en tu palabra he esperado. 115Apartaos de mí, malignos; pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. 116Susténtame conforme a tu palabra, y viviré: y no me avergüences de mi esperanza. 117Sostenme, y seré salvo; y deleitaréme siempre en tus estatutos. 118Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos: porque mentira es su engaño. 119Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. 120Mi carne se ha extremecido por temor de ti; y de tus juicios tengo miedo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 10 · 2 Timoteo 1
Personales
Oseas 2 · Salmo 119:97-120