Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 11-12 (cap. 11)
1Y Athalía madre de Ochôzías, viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real. 2Pero tomando Josaba hija del rey Joram, hermana de Ochôzías, a Joas hijo de Ochôzías, sacólo furtivamente de entre los hijos del rey, que se mataban, y ocultólo de delante de Athalía, a él y a su ama, en la cámara de las camas, y así no lo mataron. 3Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años: y Athalía fue reina sobre el país. 4Mas al séptimo año envió Joiada, y tomó centuriones, capitanes, y gente de la guardia, y metiólos consigo en la casa de Jehová: e hizo con ellos liga, juramentándolos en la casa de Jehová; y mostróles al hijo del rey. 5Y mandóles, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros, los que entrarán el sábado, tendrán la guardia de la casa del rey; 6Y la otra tercera parte estará a la puerta del sur, y la otra tercera parte a la puerta del postigo de los de la guardia: así guardaréis la casa, para que no sea allanada. 7Y las dos partes de vosotros, es a saber, todos los que salen el sábado, tendréis la guarda de la casa de Jehová junto al rey. 8Y estaréis alrededor del rey de todas partes, teniendo cada uno sus armas en las manos, y cualquiera que entrare dentro de estos órdenes, sea muerto. Y habéis de estar con el rey cuando saliere, y cuando entrare. 9Los centuriones pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó: y tomando cada uno los suyos, es a saber, los que habían de entrar el sábado, y los que habían salido el sábado, viniéronse a Joiada el sacerdote. 10Y el sacerdote dio a los centuriones las picas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová. 11Y los de la guardia se pusieron en orden, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey. 12Sacando luego Joiada al hijo del rey, púsole la corona y el testimonio, e hiciéronle rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey! 13Y oyendo Athalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová; 14Y como miró, he aquí el rey que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompetas junto al rey; y que todo el pueblo del país hacía alegrías, y que tocaban las trompetas. Entonces Athalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en grito: ¡Traición, traición! 15Mas el sacerdote Joiada mandó a los centuriones que gobernaban el ejército, y díjoles: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a cuchillo. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.) 16Diéronle pues lugar, y como iba el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron. 17Entonces Joiada hizo alianza entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová: y asimismo entre el rey y el pueblo. 18Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y derribáronlo: asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Mathán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová. 19Después tomó los centuriones, y capitanes, y los de la guardia, y a todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de los de la guardia a la casa del rey; y sentóse el rey sobre el trono de los reyes. 20Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Athalía muerta a cuchillo junto a la casa del rey. 21Era Joas de siete años cuando comenzó a reinar.
Lectura 1 de 4 · En familia
2 Reyes 11-12 (cap. 12)
1En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joas, y reinó cuarenta años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Sibia, de Beer-seba. 2Y Joas hizo lo recto en ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada. 3Con todo eso los altos no se quitaron; que aun sacrificaba y quemaba el pueblo perfumes en los altos. 4Y Joas dijo a los sacerdotes: Todo el dinero de las santificaciones que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero de los que pasan en cuenta, el dinero por las personas, cada cual según su tasa, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad mete en la casa de Jehová, 5Recíbanlo los sacerdotes, cada uno de sus familiares, y reparen los portillos del templo donde quiera que se hallare abertura. 6Pero el año veintitrés del rey Joas, no habían aún reparado los sacerdotes las aberturas del templo. 7Llamando entonces el rey Joas al pontífice Joiada y a los sacerdotes, díjoles: ¿Por qué no reparáis las aberturas del templo? Ahora pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las roturas del templo. 8Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener cargo de reparar las aberturas del templo. 9Mas el pontífice Joiada tomó un arca, e hízole en la tapa un agujero, y púsola junto al altar, a la mano derecha como se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta, ponían allí todo el dinero que se metía en la casa de Jehová. 10Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el notario del rey y el gran sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y guardábanlo. 11Y daban el dinero suficiente en mano de los que hacían la obra, y de los que tenían el cargo de la casa de Jehová; y ellos lo expendían en pagar los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová, 12Y los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las aberturas de la casa de Jehová; y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. 13Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni salterios, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro vaso de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová: 14Porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. 15Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra: porque lo hacían ellos fielmente. 16El dinero por el delito, y el dinero por los pecados, no se metía en la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes. 17Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gath, y tomóla: y puso Hazael su rostro para subir contra Jerusalem; 18Por lo que tomó Joas rey de Judá todas las ofrendas que había dedicado Josaphat, y Joram y Ochôzías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová, y en la casa del rey, y enviólo a Hazael rey de Siria: y él se partió de Jerusalem. 19Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20Y levantáronse sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joas en la casa de Millo, descendiendo él a Silla; 21Pues Josachâr hijo de Simaath, y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, hiriéronle, y murió. Y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Timoteo 2
1Pues tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2Y lo que has oído de mí entre muchos testigos, esto encarga a los hombres fieles que serán idóneos para enseñar también a otros. 3Tú pues, sufre trabajos como fiel soldado de Jesucristo. 4Ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida; a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 5Y aun también el que lidia, no es coronado si no lidiare legítimamente. 6El labrador, para recibir los frutos, es menester que trabaje primero. 7Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo. 8Acuérdate que Jesucristo, el cual fue de la simiente de David, resucitó de los muertos conforme a mi evangelio; 9En el que sufro trabajo, hasta las prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. 10Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús con gloria eterna. 11Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él: 12Si sufrimos, también reinaremos con él: si negáremos, él también nos negará: 13Si fuéremos infieles, él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo. 14Recuérdales esto, protestando delante del Señor que no contiendan en palabras, lo cual para nada aprovecha, antes trastorna a los oyentes. 15Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad. 16Mas evita profanas y vanas parlerías; porque muy adelante irán en la impiedad. 17Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena: de los cuales es Himeneo y Fileto; 18Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección es ya hecha, y trastornan la fe de algunos. 19Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 20Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y asimismo unos para honra, y otros para deshonra. 21Así que, si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado, y útil para los usos del Señor, y aparejado para todo buena obra. 22Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón. 23Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas. 24Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido; 25Que con mansedumbre corrija a los que se oponen: si quizá Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad, 26Y se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.
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Oseas 3-4 (cap. 3)
1Y díjome otra vez Jehová: Ve, ama una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel; los cuales miran a dioses ajenos, y aman frascos de vino. 2Compréla entonces para mí por quince dineros de plata, y un homer y medio de cebada; 3Y díjele: Tú estarás por mía muchos días: no fornicarás, ni tomarás otro varón; ni tampoco yo vendré a ti. 4Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, y sin príncipe, y sin sacrificio, y sin estatua, y sin ephod, y sin teraphim. 5Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.
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Oseas 3-4 (cap. 4)
1Oid palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. 2Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres. 3Por lo cual, se enlutará la tierra, y extenuaráse todo morador de ella, con las bestias del campo, y las aves del cielo: y aun los peces de la mar fallecerán. 4Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. 5Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre talaré. 6Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. 7Conforme a su grandeza así pecaron contra mí: trocaré su honra en afrenta. 8Comen del pecado de mi pueblo, y en su maldad levantan su alma. 9Tal será el pueblo como el sacerdote: y visitaré sobre él sus caminos, y pagaréle conforme a sus obras. 10Y comerán, mas no se hartarán; fornicarán, mas no se aumentarán: porque dejaron de atender a Jehová. 11Fornicación, y vino, y mosto quitan el corazón. 12Mi pueblo a su madero pregunta, y su palo le responde: porque espíritu de fornicaciones lo engañó, y fornicaron debajo de sus dioses. 13Sobre las cabezas de los montes sacrificaron, e incensaron sobre los collados, debajo de encinas, y álamos, y olmos que tuviesen buena sombra: por tanto, vuestras hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras. 14No visitaré sobre vuestras hijas cuando fornicaren, ni sobre vuestras nueras cuando adulteraren: porque ellos ofrecen con las rameras, y con las malas mujeres sacrifican: por tanto, el pueblo sin entendimiento caerá. 15Si fornicares tú, Israel, a lo menos no peque Judá: y no entréis en Gilgal, ni subáis a Beth-aven; ni juréis, Vive Jehová. 16Porque como becerra cerrera se apartó Israel: ¿apacentarálos ahora Jehová como a carneros en anchura? 17Ephraim es dado a ídolos; déjalo. 18Su bebida se corrompió; fornicaron pertinazmente: sus príncipes amaron las dádivas, afrenta de ellos. 19Atóla el viento en sus alas, y de sus sacrificios serán avergonzados.
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Salmo 119:121-144
121Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores. 122Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios. 123Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia. 124Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos. 125Tu siervo soy yo, dame entendimiento; para que sepa tus testimonios. 126Tiempo es de hacer, oh Jehová; disipado han tu ley. 127Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. 128Por eso todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: aborrecí todo camino de mentira. 129Maravillosos son tus testimonios: por tanto los ha guardado mi alma. 130El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples. 131Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos. 132Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre. 133Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. 134Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos. 135Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; y enséñame tus estatutos. 136Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley. 137Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios. 138Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles. 139Mi celo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. 140Sumamente acendrada es tu palabra; y la ama tu siervo. 141Pequeño soy yo y desechado; mas no me he olvidado de tus mandamientos. 142Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad. 143Aflicción y angustia me hallaron: mas tus mandamientos fueron mis deleites. 144Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento, y viviré.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Reyes 11-12 · 2 Timoteo 2
Personales
Oseas 3-4 · Salmo 119:121-144