Lectura 1 de 4 · En familia
Levítico 6
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Cuando una persona pecare, e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado, o dejado en su mano, o bien robare, o calumniare a su prójimo; 3O sea que hallando lo perdido, después lo negare, y jurare en falso, en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre: 4Entonces será que, puesto habrá pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o por el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, 5O todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá, pues, por entero, y añadirá a ello la quinta parte, que ha de pagar a aquel a quien pertenece en el día de su expiación. 6Y por su expiación traerá a Jehová un carnero sin tacha de los rebaños, conforme a tu estimación, al sacerdote para la expiación: 7Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, y obtendrá perdón de cualquiera de todas las cosas en que suele ofender. 8Habló aún Jehová a Moisés, diciendo: 9Manda a Aarón y a sus hijos diciendo: Esta es la ley del holocausto: (es holocausto, porque se quema sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él:) 10El sacerdote se pondrá su vestimenta de lino, y se vestirá pañetes de lino sobre su carne; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y pondrálas junto al altar. 11Después se desnudará de sus vestimentas, y se pondrá otras vestiduras, y sacará las cenizas fuera del real al lugar limpio. 12Y el fuego encendido sobre el altar no ha de apagarse, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará sobre él el holocausto, y quemará sobre él los sebos de las paces. 13El fuego ha de arder continuamente en el altar; no se apagará. 14Y esta es la ley del presente: Han de ofrecerlo los hijos de Aarón delante de Jehová, delante del altar. 15Y tomará de él un puñado de la flor de harina del presente, y de su aceite, y todo el incienso que está sobre el presente, y harálo arder sobre el altar por memoria, en olor suavísimo a Jehová. 16Y el sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos: sin levadura se comerá en el lugar santo; en el atrio del tabernáculo del testimonio lo comerán. 17No se cocerá con levadura: helo dado a ellos por su porción de mis ofrendas encendidas; es cosa santísima, como la expiación por el pecado, y como la expiación por la culpa. 18Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ella. Estatuto perpetuo será para vuestras generaciones tocante a las ofrendas encendidas de Jehová: toda cosa que tocare en ellas será santificada. 19Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 20Esta es la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán a Jehová el día que serán ungidos: la décima parte de un epha de flor de harina, presente perpetuo, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde. 21En sartén se aderezará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos del presente ofrecerás a Jehová en olor de suavidad. 22Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará la ofrenda; estatuto perpetuo de Jehová: toda ella será quemada. 23Y todo presente de sacerdote será enteramente quemado; no se comerá. 24Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 25Habla a Aarón y a sus hijos, diciendo: Esta es la ley de la expiación: en el lugar donde será degollado el holocausto, será degollada la expiación por el pecado delante de Jehová: es cosa santísima. 26El sacerdote que la ofreciere por expiación, la comerá: en el lugar santo será comida, en el atrio del tabernáculo del testimonio. 27Todo lo que en su carne tocare, será santificado; y si cayere de su sangre sobre el vestido, lavarás aquello sobre que cayere, en el lugar santo. 28Y la vasija de barro en que fuere cocida, será quebrada: y si fuere cocida en vasija de metal, será fregada y lavada con agua. 29Todo varón de entre los sacerdotes la comerá: es cosa santísima. 30Mas no se comerá de expiación alguna, de cuya sangre se metiere en el tabernáculo del testimonio para reconciliar en el santuario: al fuego será quemada.
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Salmos 5-6 (cap. 5)
1Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera la meditación mía. 2Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. 3Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti, y esperaré. 4Porque tú no eres un Dios que ame la maldad: el malo no habitará junto a ti. 5No estarán los insensatos delante de tus ojos: aborreces a todos los que obran iniquidad. 6Destruirás a los que hablan mentira: al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová. 7Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa: adoraré hacia el templo de tu santidad en tu temor. 8Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino. 9Porque no hay en su boca rectitud: sus entrañas son pravedades; sepulcro abierto su garganta: con su lengua lisonjearán. 10Desbarátalos, oh Dios; caigan de sus consejos: por la multitud de sus rebeliones échalos, porque se rebelaron contra ti. 11Y alegrarse han todos los que en ti confían; para siempre darán voces de júbilo, porque tú los defiendes: y en ti se regocijarán los que aman tu nombre. 12Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; lo cercarás de benevolencia como con un escudo.
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Salmos 5-6 (cap. 6)
1Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con tu ira. 2Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos. 3Mi alma asimismo está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? 4Vuelve, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. 5Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿quién te loará en el sepulcro? 6Heme consumido a fuerza de gemir: todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas. 7Mis ojos están carcomidos de descontento; hanse envejecido a causa de todos mis angustiadores. 8Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. 9Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración. 10Se avergonzarán, y turbaránse mucho todos mis enemigos; volveránse y serán avergonzados subitáneamente.
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Proverbios 21
1Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina. 2Todo camino del hombre es recto en su opinión: mas Jehová pesa los corazones. 3Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio. 4Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y el brillo de los impíos, son pecado. 5Los pensamientos del solícito ciertamente van a abundancia; mas todo presuroso, indefectiblemente a pobreza. 6Allegar tesoros con lengua de mentira, es vanidad desatentada de aquellos que buscan la muerte. 7La rapiña de los impíos los destruirá; por cuanto no quisieron hacer juicio. 8El camino del hombre perverso es torcido y extraño: mas la obra del limpio es recta. 9Mejor es vivir en un rincón de zaquizamí, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa. 10El alma del impío desea mal: su prójimo no le parece bien. 11Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; y cuando se amonestare al sabio, aprenderá ciencia. 12Considera el justo la casa del impío: cómo los impíos son trastornados por el mal. 13El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído. 14El presente en secreto amansa el furor, y el don en el seno, la fuerte ira. 15Alegría es al justo hacer juicio; mas quebrantamiento a los que hacen iniquidad. 16El hombre que se extravía del camino de la sabiduría, vendrá a parar en la compañía de los muertos. 17Hombre necesitado será el que ama el deleite: y el que ama el vino y ungüentos no enriquecerá. 18El rescate del justo es el impío, y por los rectos el prevaricador. 19Mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa e iracunda. 20Tesoro codiciable y pingüe hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato lo disipará. 21El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia, y la honra. 22La ciudad de los fuertes tomó el sabio, y derribó la fuerza en que ella confiaba. 23El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias. 24Soberbio y presuntuoso escarnecedor es el nombre del que obra con orgullosa saña. 25El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar. 26Hay quien todo el día codicia: mas el justo da, y no desperdicia. 27El sacrificio de los impíos es abominación: ¡cuánto más ofreciéndolo con maldad! 28El testigo mentiroso perecerá: mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho. 29El hombre impío afirma su rostro: mas el recto ordena sus caminos. 30No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová. 31El caballo se apareja para el día de la batalla: mas de Jehová es el salvar.
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Colosenses 4
1Amós, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos. 2Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias: 3Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso, 4Para que lo manifieste como me conviene hablar. 5Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo. 6Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno. 7Todos mis negocios os hará saber Tichîco, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor: 8El cual os he enviado a esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones; 9Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os harán saber. 10Aristarchô, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle), 11Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: estos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo. 12Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en oraciones, para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere. 13Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que en Hierápolis. 14Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas. 15Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Nimfas, y a la iglesia que está en su casa. 16Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros. 17Y decid a Archîpo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del Señor. 18La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Levítico 6 · Salmos 5-6
Personales
Proverbios 21 · Colosenses 4