Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 37

1Y habitó Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. 2Estas fueron las generaciones de Jacob. José, siendo de edad de diez y siete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha, y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre: y noticiaba José a su padre la mala fama de ellos. 3Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque le había tenido en su vejez: y le hizo una ropa de diversos colores. 4Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente. 5Y soñó José un sueño, y contólo a sus hermanos; y ellos vinieron a aborrecerle más todavía. 6Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: 7He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío. 8Y respondiéronle sus hermanos: ¿Has de reinar tú sobre nosotros, o te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y de sus palabras. 9Y soñó aún otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 10Y contólo a su padre y a sus hermanos: y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, a inclinarnos a ti a tierra? 11Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre paraba la consideración en ello. 12Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Sichêm. 13Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Sichêm: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. 14Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y enviólo del valle de Hebrón, y llegó a Sichêm. 15Y hallólo un hombre, andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? 16Y él respondió: Busco a mis hermanos: ruégote que me muestres dónde pastan. 17Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dothán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y hallólos en Dothán. 18Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos llegara, proyectaron contra él para matarle. 19Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador; 20Ahora pues, venid, y matémoslo y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le devoró: y veremos qué serán sus sueños. 21Y como Rubén oyó esto, librólo de sus manos, y dijo: No lo matemos. 22Y díjoles Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. 23Y sucedió que, cuando llegó José a sus hermanos, ellos hicieron desnudar a José su ropa, la ropa de colores que tenía sobre sí; 24Y tomáronlo, y echáronle en la cisterna; mas la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. 25Y sentáronse a comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de Ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho el que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27Venid, y vendámosle a los Ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; que nuestro hermano es nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él. 28Y como pasaban los Midianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y trajéronle arriba, y le vendieron a los Ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. 29Y Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. 30Y tornó a sus hermanos, y dijo: El mozo no parece; y yo, ¿adónde iré yo? 31Entonces tomaron ellos la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre; 32Y enviaron la ropa de colores y trajéronla a su padre, y dijeron: Esta hemos hallado, reconoce ahora si es o no la ropa de tu hijo. 33Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; alguna mala bestia le devoró; José ha sido despedazado. 34Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días. 35Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque yo tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y llorólo su padre. 36Y los Midianitas lo vendieron en Egipto a Potiphar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia.
Lectura 2 de 4 · En familia

Marcos 7

1Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem; 2Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas, los condenaban. 3(Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes? 6Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí. 7Y en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijere al padre o a la madre, morirá de muerte. 11Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre o la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío a Dios) todo aquello con que pudiera valerte; 12Y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 14Y llamando a toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended: 15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre. 16Si alguno tiene oídos para oir, oiga. 17Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18Y díjoles: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar; 19Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la secreta? Esto decía, haciendo limpias todas las viandas. 20Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. 21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. 24Y levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse. 25Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó a sus pies. 26Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30Y como fue a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama. 31Y volviendo a salir de los términos de Tiro, vino por Sidón a la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis. 32Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. 33Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto. 35Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oir, y a los mudos hablar.
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Job 3

1Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día. 2Y exclamó Job, y dijo: 3Perezca el día en que yo nací, y la noche que se dijo: Varón es concebido. 4Sea aquel día sombrío, y Dios no cuide de él desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca. 5Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado, que lo haga horrible como caliginoso día. 6Ocupe la oscuridad aquella noche; no sea contada entre los días del año, ni venga en el número de los meses. 7¡Oh si fuere aquella noche solitaria, que no viniera canción alguna en ella! 8Maldíganla los que maldicen al día, los que se aprestan para levantar su llanto. 9Oscurézcanse las estrellas de su alba; espere la luz, y no venga, ni vea los párpados de la mañana: 10Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria. 11¿Por qué no morí yo desde la matriz, o fui traspasado en saliendo del vientre? 12¿Por qué me previnieron las rodillas? ¿y para qué las tetas que mamase? 13Pues que ahora yaciera yo, y reposara; durmiera, y entonces tuviera reposo, 14Con los reyes y con los consejeros de la tierra, que edifican para sí los desiertos; 15O con los príncipes que poseían el oro, que henchían sus casas de plata. 16O ¿por qué no fui escondido como aborto, como los pequeñitos que nunca vieron luz? 17Allí los impíos dejan el perturbar, y allí descansan los de cansadas fuerzas. 18Allí asimismo reposan los cautivos; no oyen la voz del exactor. 19Allí están el chico y el grande; y el siervo libre de su señor. 20¿Por qué se da luz al trabajado, y vida a los de ánimo en amargura, 21Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros; 22Que se alegran sobremanera, y se gozan, cuando hallan el sepulcro? 23¿ Por qué al hombre que no sabe por donde vaya, y al cual Dios ha encerrado? 24Pues antes que mi pan viene mi suspiro; y mis gemidos corren como aguas. 25Porque el temor que me espantaba me ha venido, y hame acontecido lo que temía. 26No he tenido paz, no me aseguré, ni me estuve reposado; vínome no obstante turbación.
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Romanos 7

1¿Ignoráis, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive? 2Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido. 3Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido. 4Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, a saber, del que resucitó de los muertos, a fin de que fructifiquemos a Dios. 5Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte. 6Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra. 7¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto. 9Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. 10Y hallé que el mandamiento, intimado para vida, para mí era mortal: 11Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él me mató. 12De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. 13¿Luego lo que es bueno, a mí me es hecho muerte? No; sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte, haciéndose pecado sobremanera pecante por el mandamiento. 14Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. 16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. 19Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, este hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. 22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: 23Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 37 · Marcos 7
Personales
Job 3 · Romanos 7