Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 18

1En el tercer año de Oseas hijo de Ela rey de Israel, comenzó a reinar Ezechîas hijo de Achâz rey de Judá. 2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalem veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi hija de Zachârías. 3Hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. 4El quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y llamóle por nombre Nehustán. 5En Jehová Dios de Israel puso su esperanza: después ni antes de él no hubo otro como él en todos los reyes de Judá. 6Porque se llegó a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 7Y Jehová fue con él; y en todas las cosas a que salía prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. 8Hirió también a los Filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida. 9En el cuarto año del rey Ezechîas, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla. 10Y tomáronla al cabo de tres años; esto es, en el sexto año de Ezechîas, el cual era el año nono de Oseas rey de Israel, fue Samaria tomada. 11Y el rey de Asiria traspuso a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos: 12Por cuanto no habían atendido la voz de Jehová su Dios, antes habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, ni las habían escuchado, ni puesto por obra. 13Y a los catorce años del rey Ezechîas, subió Sennachêrib rey de Asiria contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas. 14Entonces Ezechîas rey de Judá envió a decir al rey de Asiria en Lachîs: Yo he pecado: vuélvete de mí, y llevaré todo lo que me impusieres. Y el rey de Asiria impuso a Ezechîas rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. 15Dio por tanto Ezechîas toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. 16Entonces descompuso Ezechîas las puertas del templo de Jehová, y los quiciales que el mismo rey Ezechîas había cubierto de oro, y diólo al rey de Asiria. 17Después el rey de Asiria envió al rey Ezechîas, desde Lachîs contra Jerusalem, a Thartán y a Rabsaris y a Rabsaces, con un grande ejército: y subieron, y vinieron a Jerusalem. Y habiendo subido, vinieron y pararon junto al conducto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del batanero. 18Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller. 19Y díjoles Rabsaces: Decid ahora a Ezechîas: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que tú estás? 20Dices, (por cierto palabras de labios): Consejo tengo y esfuerzo para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 21He aquí tú confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, entrarále por la mano, y se le pasará. Tal es Faraón rey de Egipto, para todos los que en él confían. 22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿no es aquel cuyos altos y altares ha quitado Ezechîas, y ha dicho a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem? 23Por tanto, ahora yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar jinetes para ellos. 24¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de a caballo? 25Además, ¿he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela. 26Entonces dijo Eliacim hijo de Hilcías, y Sebna y Joah, a Rabsaces: Ruégote que hables a tus siervos siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros judaico a oídos del pueblo que está sobre el muro. 27Y Rabsaces les dijo: ¿Hame enviado mi señor a ti y a tu señor para decir estas palabras, y no antes a los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus pies con vosotros? 28Paróse luego Rabsaces, y clamó a gran voz en judaico, y habló, diciendo: Oid la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezechîas, porque no os podrá librar de mi mano. 30Y no os haga Ezechîas confiar en Jehová, diciendo: De cierto nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. 31No oigáis a Ezechîas, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo; 32Hasta que yo venga, y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezechîas, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 33¿ Acaso alguno de los dioses de las gentes ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34¿Dónde está el dios de Hamath, y de Arphad? ¿dónde el dios de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva? ¿pudieron estos librar a Samaria de mi mano? 35¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado a su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano a Jerusalem? 36Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. 37Entonces Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna el escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller, vinieron a Ezechîas, rotos sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces.
Lectura 2 de 4 · En familia

Filemón

1Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, a Filemón amado, y coadjutor nuestro; 2Y a la amada Apphia, y a Archîpo, compañero de nuestra milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. 4Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones. 5Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos; 6Para que la comunicación de tu fe sea eficaz, en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros, por Cristo Jesús. 7Porque tenemos gran gozo y consolación de tu caridad, de que por ti, oh hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos. 8Por lo cual, aunque tengo mucha resolución en Cristo para mandarte lo que conviene, 9Ruégo te más bien por amor, siendo tal cual soy, Pablo viejo, y aun ahora prisionero de Jesucristo: 10Ruégote por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mis prisiones, 11El cual en otro tiempo te fue inútil, mas ahora a ti y a mí es útil; 12El cual te vuelvo a enviar; tú pues, recíbele como a mis entrañas. 13Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en las prisiones del evangelio; 14Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario. 15Porque acaso por esto se ha apartado de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; 16No ya como siervo, antes más que siervo, como hermano amado, mayormente de mí, pero cuánto más de ti, en la carne y en el Señor. 17Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí. 18Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19Yo Pablo lo escribí de mi mano, yo lo pagaré: por no decirte que aun a ti mismo te me debes demás. 20Sí, hermano, góceme yo de ti en el Señor; recrea mis entrañas en el Señor. 21Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de lo que digo. 22Y asimismo prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido. 23Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por Cristo Jesús, 24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis cooperadores. 25La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Oseas 11

1Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. 2Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; a los Baales sacrificaban, y a las esculturas ofrecían sahumerios. 3Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba. 4Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida. 5No tornará a tierra de Egipto, antes el mismo Assur será su rey, porque no se quisieron convertir. 6Y caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas; consumirálas a causa de sus consejos. 7Entre tanto, está mi pueblo adherido a la rebelión contra mí: aunque lo llaman al Altísimo, ninguno absolutamente quiere ensalzar le. 8¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como a Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones. 9No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir a Ephraim: porque Dios soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no entraré en la ciudad. 10En pos de Jehová caminarán: él bramará como león: cual león rugirá él de cierto, y los hijos se moverán azorados del occidente. 11Como ave se moverán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y pondrélos en sus casas, dice Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmos 132-134 (cap. 132)

1Acuérdate, oh Jehová, de David, y de toda su aflicción; 2Que juró él a Jehová, prometió al Fuerte de Jacob: 3No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado; 4No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, 5Hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el Fuerte de Jacob. 6He aquí, en Ephrata oímos de ella: hallámosla en los campos del bosque. 7Entraremos en sus tiendas; encorvarnos hemos al estrado de sus pies. 8Levántate, oh Jehová, a tu reposo; tú y el arca de tu fortaleza. 9Tus sacerdotes se vistan de justicia, y regocíjense tus santos. 10Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro. 11En verdad juró Jehová a David, no se apartará de ellos: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono. 12Si tus hijos guardaren mi alianza, y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre. 13Porque Jehová ha elegido a Sion; deseóla por habitación para sí. 14Este es mi reposo para siempre: aquí habitaré, porque la he deseado. 15A su mantenimiento daré bendición: sus pobres saciaré de pan. 16Asimismo vestiré a sus sacerdotes de salud, y sus santos darán voces de júbilo. 17Allí haré reverdecer el cuerno de David: he prevenido lámpara a mi ungido. 18A sus enemigos vestiré de confusión: mas sobre él florecerá su corona.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmos 132-134 (cap. 133)

1¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno! 2Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y que baja hasta el borde de sus vestiduras; 3Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion: porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmos 132-134 (cap. 134)

1Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová estáis por las noches. 2Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová. 3Bendígate Jehová desde Sion, el cual ha hecho los cielos y la tierra.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 18 · Filemón
Personales
Oseas 11 · Salmos 132-134