Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 29-30 (cap. 29)
1Y los Filisteos juntaron todos sus campos en Aphec; e Israel puso su campo junto a la fuente que está en Jezreel. 2Y reconociendo los príncipes de los Filisteos sus compañías de a ciento y de a mil hombres, David y los suyos iban en los postreros con Achîs. 3Y dijeron los príncipes de los Filisteos: ¿Qué hacen aquí estos Hebreos? Y Achîs respondió a los príncipes de los Filisteos: ¿No es este David, el siervo de Saúl rey de Israel, que ha estado conmigo algunos días o algunos años, y no he hallado cosa en él desde el día que se pasó a mí hasta hoy? 4Entonces los príncipes de los Filisteos se enojaron contra él, y dijéronle: Envía a este hombre, que se vuelva al lugar que le señalaste, y no venga con nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se nos vuelva enemigo: porque ¿con qué cosa volvería mejor a la gracia de su señor que con las cabezas de estos hombres? 5¿No es este David de quien cantaban en los corros, diciendo: Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles? 6Y Achîs llamó a David, y díjole: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y entrada en el campo conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy: mas en los ojos de los príncipes no agradas. 7Vuélvete pues, y vete en paz; y no hagas lo malo en los ojos de los príncipes de los Filisteos. 8Y David respondió a Achîs: ¿Qué he hecho? ¿qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? 9Y Achîs respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno en mis ojos, como un ángel de Dios; mas los príncipes de los Filisteos han dicho: No venga con nosotros a la batalla. 10Levántate pues de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos de mañana, luego al amanecer partíos. 11Y levantóse David de mañana, él y los suyos, para irse y volverse a la tierra de los Filisteos; y los Filisteos fueron a Jezreel.
Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 29-30 (cap. 30)
1Y cuando David y los suyos vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el mediodía y a Siclag, y habían desolado a Siclag, y puéstola a fuego. 2Y habíanse llevado cautivas a las mujeres que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor; mas a nadie habían muerto, sino llevado, e ídose su camino. 3Vino pues David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada a fuego, y sus mujeres y sus hijos e hijas llevadas cautivas. 4Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. 5Las dos mujeres de David, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal del Carmelo, también eran cautivas. 6Y David fue muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios. 7Y dijo David al sacerdote Abiathar hijo de Ahimelech: Yo te ruego que me acerques el ephod. Y Abiathar acercó el ephod a David. 8Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Seguiré esta tropa? ¿podréla alcanzar? Y él le dijo: Síguela, que de cierto la alcanzarás, y sin falta librarás la presa. 9Partióse pues David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y vinieron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos. 10Y David siguió el alcance con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor. 11Y hallaron en el campo un hombre Egipcio, el cual trajeron a David, y diéronle pan que comiese, y a beber agua; 12Diéronle también un pedazo de masa de higos secos, y dos hilos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches. 13Y díjole David: ¿De quién eres tú? ¿y de dónde eres? Y respondió el mozo Egipcio: Yo soy siervo de un Amalecita, y dejóme mi amo hoy ha tres días, porque estaba enfermo; 14Pues hicimos una incursión a la parte del mediodía de Cerethi, y a Judá, y al mediodía de Caleb; y pusimos fuego a Siclag. 15Y díjole David: ¿Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo: Hazme juramento por Dios que no me matarás, ni me entregarás en las manos de mi amo, y yo te llevaré a esa gente. 16Llevólo pues: y he aquí que estaban derramados sobre la haz de toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por toda aquella gran presa que habían tomado de la tierra de los Filisteos, y de la tierra de Judá. 17E hiriólos David desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente: y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos mancebos, que habían subido en camellos y huyeron. 18Y libró David todo lo que los Amalecitas habían tomado: y asimismo libertó David a sus dos mujeres. 19Y no les faltó cosa chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado: todo lo recobró David. 20Tomó también David todas las ovejas y ganados mayores; y trayéndolo todo delante, decían: Esta es la presa de David. 21Y vino David a los doscientos hombres que habían quedado cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habían hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David, y al pueblo que con él estaba. Y como David llegó a la gente, saludóles con paz. 22Entonces todos los malos y perversos de entre los que habían ido con David, respondieron y dijeron: Pues que no fueron con nosotros, no les daremos de la presa que hemos quitado, sino a cada uno su mujer y sus hijos; los cuales tomen y se vayan. 23Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado Jehová; el cual nos ha guardado, y ha entregado en nuestras manos la caterva que vino sobre nosotros. 24¿Y quién os escuchará en este caso? porque igual parte ha de ser la de los que vienen a la batalla, y la de los que quedan con el bagaje: que partan juntamente. 25Y desde aquel día en adelante fue esto puesto por ley y ordenanza en Israel, hasta hoy. 26Y como David llegó a Siclag, envió de la presa a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí una bendición para vosotros, de la presa de los enemigos de Jehová. 27A los que estaban en Beth-el, y en Ramoth al mediodía, y a los que estaban en Jattir; 28Y a los que estaban en Aroer, y en Siphmoth, y a los que estaban en Esthemoa; 29Y a los que estaban en Rachâl, y a los que estaban en las ciudades de Jerameel, y a los que estaban en las ciudades del Cineo; 30Y a los que estaban en Horma, y a los que estaban en Chôrasán, y a los que estaban en Athach; 31Y a los que estaban en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 10
1Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; 2Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; 3Y todos comieron la misma vianda espiritual; 4Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo: 5Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto. 6Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos; según está escrito: Sentóse el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar. 8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil. 9Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado. 12Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga. 13No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar. 14Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. 15Como a sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan. 18Mirad a Israel según la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes con el altar? 19¿Qué pues digo? ¿Que el ídolo es algo? ¿o que sea algo lo que es sacrificado a los ídolos? 20Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios. 21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 22¿O provocaremos a celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él? 23Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. 24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. 25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; 26Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. 27Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. 28Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. 29La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia? 30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por lo que doy gracias? 31Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, haced lo todo a gloria de Dios. 32Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a la iglesia de Dios: 33Como también yo en todas las cosas complazco a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
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Ezequiel 8
1Y aconteció en el sexto año, en el mes sexto, a los cinco del mes, que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí cayó sobre mí la mano del Señor Jehová. 2Y miré, y he aquí una semejanza que parecía de fuego: desde donde parecían sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos arriba parecía como resplandor, como la vista de ámbar. 3Y aquella semejanza extendió la mano, y tomóme por las guedejas de mi cabeza; y el espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y llevóme en visiones de Dios a Jerusalem, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el aquilón, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que hacía celar. 4Y he aquí que allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo. 5Y díjome: Hijo del hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del aquilón. Y alcé mis ojos hacia el lado del aquilón, y he aquí al aquilón, junto a la puerta del altar, la imagen del celo en la entrada. 6Díjome entonces: Hijo del hombre, ¿no ves lo que estos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí, para alejarme de mi santuario? Mas vuélvete aún, y verás abominaciones mayores. 7Y llevóme a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero. 8Y díjome: Hijo del hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta. 9Díjome luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que estos hacen allí. 10Entré pues, y miré, y he aquí imágenes de todas serpientes, y animales de abominación, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared alrededor. 11Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Saphán estaba en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y del sahumerio subía espesura de niebla. 12Y me dijo: Hijo del hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas? porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha dejado la tierra. 13Díjome después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen estos. 14Y llevóme a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al aquilón; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tammuz. 15Luego me dijo: ¿No ves, hijo del hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. 16Y metióme en el atrio de adentro de la casa de Jehová: y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros al oriente, y encorvábanse al nacimiento del sol. 17Y díjome: ¿No has visto, hijo del hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado la tierra de maldad, y se tornaron a irritarme, he aquí que ponen hedor a mis narices. 18Pues también yo haré en mi furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia, y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.
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Salmos 46-47 (cap. 46)
1Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida; aunque se traspasen los montes al corazón de la mar. 3Bramarán, turbaránse sus aguas; temblarán los montes a causa de su braveza. (Selah.) 4Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de las tiendas del Altísimo. 5Dios está en medio de ella; no será conmovida: Dios la ayudará al clarear la mañana. 6Bramaron las gentes, titubearon los reinos; dio él su voz, derritióse la tierra. 7Jehová de los ejércitos es con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah.) 8Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. 9Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra: que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. 10Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra. 11Jehová de los ejércitos es con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah.)
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Salmos 46-47 (cap. 47)
1Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo. 2Porque Jehová el Altísimo es terrible; Rey grande sobre toda la tierra. 3El sujetará a los pueblos debajo de nosotros, y a las gentes debajo de nuestros pies. 4El nos elegirá nuestras heredades; la hermosura de Jacob, al cual amó. (Selah.) 5Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta. 6Cantad a Dios, cantad: cantad a nuestro Rey, cantad. 7Porque Dios es el Rey de toda la tierra: cantad con inteligencia. 8Reinó Dios sobre las gentes: asentóse Dios sobre su santo trono. 9Los príncipes de los pueblos se juntaron al pueblo del Dios de Abraham: porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy ensalzado.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 29-30 · 1 Corintios 10
Personales
Ezequiel 8 · Salmos 46-47