Lectura 1 de 4 · En familia
Levítico 8
1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Toma a Aarón y a sus hijos con él, y las vestimentas, y el aceite de la unción, y el becerro de la expiación, y los dos carneros, y el canastillo de los ázimos; 3Y reune toda la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio. 4Hizo, pues, Moisés como Jehová le mandó, y juntóse la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio. 5Y dijo Moisés a la congregación: Esto es lo que Jehová ha mandado hacer. 6Entonces Moisés hizo llegar a Aarón y a sus hijos, y lavólos con agua. 7Y puso sobre él la túnica, y ciñólo con el cinto; vistióle después el manto, y puso sobre él el ephod, y ciñólo con el cinto del ephod, y ajustólo con él. 8Púsole luego encima el racional, y en él puso el Urim y Thummim. 9Después puso la mitra sobre su cabeza; y sobre la mitra en su frente delantero puso la plancha de oro, la diadema santa; como Jehová había mandado a Moisés. 10Y tomó Moisés el aceite de la unción, y ungió el tabernáculo, y todas las cosas que estaban en él, y santificólas. 11Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus vasos, y la fuente y su basa, para santificarlos. 12Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y ungiólo para santificarlo. 13Después Moisés hizo llegar los hijos de Aarón, y vistióles las túnicas, y ciñólos con cintos, y ajustóles los chapeos (tiaras), como Jehová lo había mandado a Moisés. 14Hizo luego llegar el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiación. 15Y degollólo; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar, y santificólo para reconciliar sobre él. 16Después tomó todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, e hízolo Moisés arder sobre el altar. 17Mas el becerro, y su cuero, y su carne, y su estiércol, quemólo al fuego fuera del real; como Jehová lo había mandado a Moisés. 18Después hizo llegar el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero: 19Y degollólo; y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor. 20Y cortó el carnero en trozos; y Moisés hizo arder la cabeza, y los trozos, y el sebo. 21Lavó luego con agua los intestinos y piernas, y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar: holocausto en olor de suavidad, ofrenda encendida a Jehová; como lo había Jehová mandado a Moisés. 22Después hizo llegar el otro carnero, el carnero de las consagraciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero: 23Y degollólo; y tomó Moisés de su sangre, y puso sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho. 24Hizo llegar luego los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre la ternilla de sus orejas derechas, y sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos: y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor; 25Y después tomó el sebo, y la cola, y todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, y la espaldilla derecha; 26Y del canastillo de los ázimos, que estaba delante de Jehová, tomó una torta sin levadura, y una torta de pan de aceite, y una lasaña, y púsolo con el sebo y con la espaldilla derecha; 27Y púsolo todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hízolo mecer: ofrenda agitada delante de Jehová. 28Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, e hízolas arder en el altar sobre el holocausto: las consagraciones en olor de suavidad, ofrenda encendida a Jehová. 29Y tomó Moisés el pecho, y meciólo, ofrenda agitada delante de Jehová: del carnero de las consagraciones aquella fue la parte de Moisés; como Jehová lo había mandado a Moisés. 30Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón, y sus vestiduras, y a sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él. 31Y dijo Moisés a Aarón y a sus hijos: Comed la carne a la puerta del tabernáculo del testimonio; y comedla allí con el pan que está en el canastillo de las consagraciones, según yo he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos la comerán. 32Y lo que sobrare de la carne y del pan, habéis de quemarlo al fuego. 33De la puerta del tabernáculo del testimonio no saldréis en siete días, hasta el día que se cumplieren los días de vuestras consagraciones: porque por siete días seréis consagrados. 34De la manera que hoy se ha hecho, mandó hacer Jehová para expiaros. 35A la puerta, pues, del tabernáculo del testimonio estaréis día y noche por siete días, y guardaréis la ordenanza delante de Jehová, para que no muráis; porque así me ha sido mandado. 36Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que mandó Jehová por medio de Moisés.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 8
1Oh Jehová, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu gloria sobre los cielos! 2De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo, y al que se venga. 3Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste: 4Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, que lo visites? 5Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y coronástelo de gloria y de lustre. 6Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: 7Ovejas, y bueyes, todo ello; y asimismo las bestias del campo; 8Las aves de los cielos, y los peces de la mar; todo cuanto pasa por los senderos de la mar. 9Oh Jehová, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra!
Lectura 3 de 4 · Personal
Proverbios 23
1Cuando te sentares a comer con algún señor, considera bien lo que estuviere delante de ti; 2Y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito. 3No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso. 4No trabajes por ser rico; pon coto a tu prudencia. 5¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? porque hacerse han alas, como alas de águila, y volarán al cielo. 6No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares: 7Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo. 8Vomitarás la parte que tú comiste, y perderás tus suaves palabras. 9No hables a oídos del necio; porque menospreciará la prudencia de tus razones. 10No traspases el término antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos: 11Porque el defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti. 12Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría. 13No rehuses la corrección del muchacho: porque si lo hirieres con vara, no morirá. 14Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno. 15Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me alegrará el corazón; 16Mis entrañas también se alegrarán, cuando tus labios hablaren cosas rectas. 17No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo tiempo: 18Porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada. 19Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino. 20No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne: 21Porque el bebedor y el comilón empobrecerán: y el sueño hará vestir vestidos rotos. 22Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies. 23Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza, y la inteligencia. 24Mucho se alegrará el padre del justo: y el que engendró sabio se gozará con él. 25Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te engendró. 26Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos. 27Porque sima profunda es la ramera, y pozo angosto la extraña. 28También ella, como robador, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores. 29¿Para quién será el ay? ¿para quién el ay? ¿para quién las rencillas? ¿para quién las quejas? ¿para quién las heridas en balde? ¿para quién lo amoratado de los ojos? 30Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura. 31No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso: éntrase suavemente; 32Mas al fin como serpiente morderá, y como basilisco dará dolor: 33Tus ojos mirarán las extrañas, y tu corazón hablará perversidades. 34Y serás como el que yace en medio de la mar, o como el que está en la punta de un mastelero. 35Y dirás: Hiriéronme, mas no me dolió; azotáronme, mas no lo sentí; cuando despertare, aun lo tornaré a buscar.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Tesalonicenses 2
1Porque, hermanos, vosotros mismos sabéis que nuestra entrada a vosotros no fue vana: 2Pues aun habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en Dios nuestro para anunciaros el evangelio de Dios con gran combate. 3Porque nuestra exhortación no fue de error, ni de inmundicia, ni por engaño; 4Sino según fuimos aprobados de Dios para que se nos encargase el evangelio, así hablamos; no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, el cual prueba nuestros corazones. 5Porque nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabéis, ni tocados de avaricia; Dios es testigo; 6Ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. 7Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala a sus hijos: 8Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no solo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos. 9Porque ya, hermanos, os acordáis de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de día por no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. 10Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa y justa e irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creísteis: 11Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, como el padre a sus hijos, 12Y os protestábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria. 13Por lo cual, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros, recibisteis no palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que creísteis. 14Porque vosotros, hermanos, habéis sido imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido también vosotros las mismas cosas de los de vuestra propia nación, como también ellos de los Judíos; 15Los cuales aun mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos han perseguido; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres; 16Prohibiéndonos hablar a los Gentiles, a fin de que se salven, para henchir la medida de sus pecados siempre: pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo. 17Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro. 18Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo a la verdad, una vez y otra; mas Satanás nos embarazó. 19Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo en su venida? 20Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Levítico 8 · Salmo 8
Personales
Proverbios 23 · 1 Tesalonicenses 2