Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 9

1Y fue en el día octavo, que Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel; 2Y dijo a Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de Jehová. 3Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin tacha, para holocausto; 4Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paces, que inmoléis delante de Jehová; y un presente amasado con aceite: porque Jehová se aparecerá hoy a vosotros. 5Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo del testimonio, y llegóse toda la congregación, y pusiéronse delante de Jehová. 6Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá. 7Y dijo Moisés a Aarón: Llégate al altar, y haz tu expiación, y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo: haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos; como ha mandado Jehová. 8Entonces llegóse Aarón al altar; y degolló su becerro de la expiación que era por él. 9Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso sobre los cuernos del altar, y derramó la demás sangre al pie del altar; 10Y el sebo y riñones y redaño del hígado, de la expiación, hízolos arder sobre el altar; como Jehová lo había mandado a Moisés. 11Mas la carne y el cuero los quemó al fuego fuera del real. 12Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar. 13Presentáronle después el holocausto, a trozos, y la cabeza; e hízolos quemar sobre el altar. 14Luego lavó los intestinos y las piernas, y quemólos sobre el holocausto en el altar. 15Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y degollólo, y lo ofreció por el pecado como el primero. 16Y ofreció el holocausto, e hizo según el rito. 17Ofreció asimismo el presente, e hinchió de él su mano, y lo hizo quemar sobre el altar, además del holocausto de la mañana. 18Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de paces, que era del pueblo: y los hijos de Aarón le presentaron la sangre (la cual roció él sobre el altar alrededor), 19Y los sebos del buey; y del carnero la cola con lo que cubre las entrañas, y los riñones, y el redaño del hígado: 20Y pusieron los sebos sobre los pechos, y él quemó los sebos sobre el altar: 21Empero los pechos, con la espaldilla derecha, meciólos Aarón por ofrenda agitada delante de Jehová; como Jehová lo había mandado a Moisés. 22Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y bendíjolos: y descendió de hacer la expiación, y el holocausto, y el sacrificio de las paces. 23Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo del testimonio; y salieron, y bendijeron al pueblo: y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. 24Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto y los sebos sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y cayeron sobre sus rostros.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 9

1Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. 2Alegraréme y regocijaréme en ti: cantaré a tu nombre, oh Altísimo; 3Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: caerán y perecerán delante de ti. 4Porque has hecho mi juicio y mi causa: sentástete en silla juzgando justicia. 5Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás. 6Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas. 7Mas Jehová permanecerá para siempre: dispuesto ha su trono para juicio. 8Y él juzgará el mundo con justicia; y juzgará los pueblos con rectitud. 9Y será Jehová refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia. 10Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. 11Cantad a Jehová, que habita en Sion: noticiad en los pueblos sus obras. 12Porque demandando la sangre se acordó de ellos: no se olvidó del clamor de los pobres. 13Ten misericordia de mí, Jehová: mira mi aflicción que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte; 14Porque cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salud. 15Hundiéronse las gentes en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie. 16Jehová fue conocido en el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. (Higaion. Selah.) 17Los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios. 18Porque no para siempre será olvidado el pobre; ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente. 19Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las gentes delante de ti. 20Pon, oh Jehová, temor en ellos: conozcan las gentes que son no más que hombres. (Selah.)
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Proverbios 24

1No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos: 2Porque su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios. 3Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará: 4Y con ciencia se henchirán las cámaras de todo bien preciado y agradable. 5El hombre sabio es fuerte; y de pujante vigor el hombre docto. 6Porque con ingenio harás la guerra: y la salud está en la multitud de consejeros. 7Alta está para el insensato la sabiduría: en la puerta no abrirá él su boca. 8Al que piensa mal hacer le llamarán hombre de malos pensamientos. 9El pensamiento del necio es pecado: y abominación a los hombres el escarnecedor. 10Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida. 11Si dejares de librar los que son tomados para la muerte, y los que son llevados al degolladero; 12Si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras. 13Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y del panal dulce a tu paladar: 14Tal será el conocimiento de la sabiduría a tu alma: si la hallares tendrá recompensa, y al fin tu esperanza no será cortada. 15Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara; 16Porque siete veces cae el justo, y se torna a levantar; mas los impíos caerán en el mal. 17Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón: 18Porque Jehová no lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo. 19No te entrometas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos; 20Porque para el malo no habrá buen fin, y la candela de los impíos será apagada. 21Teme a Jehová, hijo mío, y al rey; no te entrometas con los veleidosos: 22Porque su quebrantamiento se levantará de repente; y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende? 23También estas cosas pertenecen a los sabios. Tener respeto a personas en el juicio no es bueno. 24El que dijere al malo, Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones: 25Mas los que lo reprenden, serán agradables, y sobre ellos vendrá bendición de bien. 26Besados serán los labios del que responde palabras rectas. 27Apresta tu obra de afuera, y disponla en tu heredad; y después edificarás tu casa. 28No seas sin causa testigo contra tu prójimo; y no lisonjees con tus labios. 29No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra. 30Pasé junto a la heredad del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; 31Y he aquí que por toda ella habían ya crecido espinas, ortigas habían ya cubierto su haz, y su cerca de piedra estaba ya destruída. 32Y yo miré, y púse lo en mi corazón: vi lo, y tomé consejo. 33Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; 34Así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre de escudo.
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1 Tesalonicenses 3

1Por lo cual, no pudiendo esperar más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, a confirmaros y exhortaros en vuestra fe, 3Para que nadie se conmueva por estas tribulaciones; porque vosotros sabéis que nosotros somos puestos para esto. 4Que aun estando con vosotros, os predecíamos que habíamos de pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. 5Por lo cual, también yo, no esperando más, he enviado a reconocer vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador, y que nuestro trabajo haya sido en vano. 6Empero volviendo de vosotros a nosotros Timoteo, y haciéndonos saber vuestra fe y caridad, y que siempre tenéis buena memoria de nosotros, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, 7En ello, hermanos, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra necesidad y aflicción por causa de vuestra fe: 8Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 9Por lo cual, ¿qué hacimiento de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, 10Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe? 11Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Jesucristo, encamine nuestro viaje a vosotros. 12Y a vosotros multiplique el Señor, y haga abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es también de nosotros para con vosotros; 13Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 9 · Salmo 9
Personales
Proverbios 24 · 1 Tesalonicenses 3