Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 38
1Y aconteció en aquel tiempo, que Judá descendió de con sus hermanos, y fuése a un varón Adullamita, que se llamaba Hira. 2Y vio allí Judá la hija de un hombre Cananeo, el cual se llamaba Súa; y tomóla, y entró a ella: 3La cual concibió, y parió un hijo; y llamó su nombre Er. 4Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamó su nombre Onán. 5Y volvió a concebir, y parió un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Chezib cuando lo parió. 6Y Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Thamar. 7Y Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Jehová, y quitóle Jehová la vida. 8Entonces Judá dijo a Onán: Entra a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente a tu hermano. 9Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba a la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente a su hermano. 10Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó a él la vida. 11Y Judá dijo a Thamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que quizá no muera él también como sus hermanos. Y fuése Thamar, y estúvose en casa de su padre. 12Y pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá; y Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnath, él y su amigo Hira el Adullamita. 13Y fue dado aviso a Thamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnath a trasquilar sus ovejas. 14Entonces quitó ella de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse con un velo, y arrebozóse, y se puso a la puerta de las aguas que están junto al camino de Timnath; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. 15Y vióla Judá, y túvola por ramera, porque había ella cubierto su rostro. 16Y apartóse del camino hacia ella, y díjole: Ea, pues, ahora entraré a ti; porque no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares a mí? 17El respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Hasme de dar prenda hasta que lo envíes. 18Entonces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que tienes en tu mano. Y él se los dio, y entró a ella, la cual concibió de él. 19Y levantóse, y fuése: y quitóse el velo de sobre sí, y vistióse las ropas de su viudez. 20Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el Adullamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer; mas no la halló. 21Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de las aguas junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera. 22Entonces él se volvió a Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera. 23Y Judá dijo: Tómeselo para sí, porque no seamos menospreciados: he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste. 24Y acaeció que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Thamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto está preñada de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada. 25Y ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy preñada: y dijo más: Mira ahora cúyas son estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón. 26Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció. 27Y aconteció que al tiempo del parir, he aquí había dos en su vientre. 28Y sucedió, cuando paría, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero. 29Empero fue que tornando él a meter la mano, he aquí su hermano salió; y ella dijo: ¿Por qué has hecho sobre ti rotura? Y llamó su nombre Phares. 30Y después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.
Lectura 2 de 4 · En familia
Marcos 8
1En aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: 2Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer: 3Y si los enviare en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. 4Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? 5Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. 6Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dio a sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante a la multitud. 7Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 8Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. 9Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió. 10Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanutha. 11Y vinieron los Fariseos, y comenzaron a altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole. 12Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 13Y dejándolos, volvió a entrar en el barco, y se fue de la otra parte. 14Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco. 15Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes. 16Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos. 17Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón? 18¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis? 19Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. 20Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. 21Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis? 22Y vino a Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. 23Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo. 24Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles. 25Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26Y envióle a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. 27Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas. 29Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo. 30Y les apercibió que no hablasen de él a ninguno. 31Y comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 32Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender. 33Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. 34Y llamando a la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 4
1Y respondió Eliphaz el Temanita, y dijo: 2Si probáremos a hablarte, serte ha molesto; mas ¿quién podrá detener las palabras? 3He aquí, tú enseñabas a muchos, y las manos flacas corroborabas; 4Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían. 5Mas ahora que el mal sobre ti ha venido, te es duro; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas. 6¿Es este tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la perfección de tus caminos? 7Recapacita ahora, ¿quién que fuera inocente se perdiera? y ¿en dónde los rectos fueron cortados? 8Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan. 9Perecen por el aliento de Dios, y por el espíritu de su furor son consumidos. 10El bramido del león, y la voz del león, y los dientes de los leoncillos son quebrantados. 11El león viejo perece por falta de presa, y los hijos del león son esparcidos. 12El negocio también me era a mí oculto; mas mi oído ha percibido algo de ello. 13En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres, 14Sobrevínome un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos: 15Y un espíritu pasó por delante de mí, que hizo se erizara el pelo de mi carne. 16Paróse un fantasma delante de mis ojos, cuyo rostro yo no conocí, y quedo, oí que decía: 17¿Si será el hombre más justo que Dios? ¿si será el varón más limpio que el que lo hizo? 18He aquí que en sus siervos no confía, y notó necedad en sus ángeles; 19¡Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, cuyo fundamento está en el polvo, y que serán quebrantados de la polilla! 20De la mañana a la tarde son quebrantados, y se pierden para siempre, sin haber quien lo considere. 21¿Su hermosura, no se pierde con ellos mismos? Mueren, y sin sabiduría.
Lectura 4 de 4 · Personal
Romanos 8
1Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu. 5Porque los que viven conforme a la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. 6Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: 7Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. 8Así que, los que están en la carne no pueden agradar a Dios. 9Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. 10Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado; mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne: 13Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. 15Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. 16Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 18Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. 19Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. 20Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, 21Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22Porque sabemos que todas las criaturas gimen a una, y a una están de parto hasta ahora. 23Y no solo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos. 26Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. 27Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios, demanda por los santos. 28Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados. 29Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; 30Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. 31¿Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: somos estimados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 38 · Marcos 8
Personales
Job 4 · Romanos 8