Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 31
1Los Filisteos pues pelearon con Israel, y los de Israel huyeron delante de los Filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa. 2Y siguiendo los Filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonathán, y a Abinadab, y a Melchîsua, hijos de Saúl. 3Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los flecheros; y tuvo gran temor de los flecheros. 4Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y pásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y me pasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl la espada, y echóse sobre ella. 5Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. 6Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones. 7Y los de Israel que eran de la otra parte del valle, y de la otra parte del Jordán, viendo que Israel había huído, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y los Filisteos vinieron y habitaron en ellas. 8Y aconteció el siguiente día, que viniendo los Filisteos a despojar los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa; 9Y cortáronle la cabeza, y desnudáronle las armas; y enviaron a tierra de los Filisteos al contorno, para que lo noticiaran en el templo de sus ídolos, y por el pueblo. 10Y pusieron sus armas en el templo de Astaroth, y colgaron su cuerpo en el muro de Beth-san. 11Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los Filisteos hicieron a Saúl, 12Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Beth-san; y viniendo a Jabes, quemáronlos allí. 13Y tomando sus huesos, sepultáronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 11
1Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. 2Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones mías, de la manera que os enseñé. 3Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo. 4Todo varón que ora o profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza. 5Mas toda mujer que ora o profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese. 6Porque si la mujer no se cubre, trasquílese también: y si es deshonesto a la mujer trasquilarse o raerse, cúbrase. 7Porque el varón no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios: mas la mujer es gloria del varón. 8Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón. 9Porque tampoco el varón fue criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. 10Por lo cual, la mujer debe tener señal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11Mas ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor. 12Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios. 13Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta? 14La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello? 15Por el contrario, a la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. 16Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 17Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntáis. 18Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo. 19Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros. 20Cuando pues os juntáis en uno, esto no es comer la cena del Señor: 21Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado. 22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿o menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿os alabaré? En esto no os alabo. 23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí. 26Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. 27De manera que, cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. 30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. 31Que si nos examinásemos a nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados. 32Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo. 33Así, que, hermanos míos, cuando os juntáis a comer, esperaos unos a otros. 34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, porque no os juntéis para juicio. Las demás cosas ordenaré cuando llegare.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 9
1Y clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. 2Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que está vuelta al aquilón, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lienzos, el cual traía a su cintura una escribanía de escribano; y entrados, paráronse junto al altar de bronce. 3Y la gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa: y llamó Jehová al varón vestido de lienzos, que tenía a su cintura la escribanía de escribano. 4Y díjole Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. 5Y a los otros dijo a mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. 6Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo. 7Y díjoles: Contaminad la casa, y henchid los atrios de muertos: salid. Y salieron, e hirieron en la ciudad. 8Y aconteció que, habiéndolos herido, yo quedé y postréme sobre mi rostro, y clamé, y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿has de destruir todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusalem? 9Y díjome: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangres, y la ciudad está llena de perversidad: porque han dicho: Dejado ha Jehová la tierra, y Jehová no ve. 10Así pues, yo, mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: el camino de ellos tornaré sobre su cabeza. 11Y he aquí que el varón vestido de lienzos, que tenía la escribanía a su cintura, respondió una palabra diciendo: Hecho he conforme a todo lo que me mandaste.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 48
1Grande es Jehová y digno de ser en gran manera alabado, en la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario. 2Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte de Sion, a los lados del aquilón, la ciudad del gran Rey. 3Dios en sus palacios es conocido por refugio. 4Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; pasaron todos. 5Y viéndola ellos así, maravilláronse, se turbaron, diéronse priesa a huir. 6Tomólos allí temblor; dolor, como a mujer que pare. 7Con viento solano quiebras tú las naves de Tharsis. 8Como lo oímos, así hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios: afirmarála Dios para siempre. (Selah.) 9Esperamos tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo. 10Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra: de justicia está llena tu diestra. 11Alegraráse el monte de Sion; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios. 12Andad alrededor de Sion, y rodeadla: contad sus torres. 13Poned vuestro corazón a su antemuro, mirad sus palacios; para que lo contéis a la generación venidera. 14Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: él nos capitaneará hasta la muerte.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 31 · 1 Corintios 11
Personales
Ezequiel 9 · Salmo 48