Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 10

1Y los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, tomaron cada uno su incensario, y pusieron fuego en ellos, sobre el cual pusieron perfume, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. 2Y salió fuego de delante de Jehová que los quemó, y murieron delante de Jehová. 3Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló. 4Y llamó Moisés a Misael, y a Elzaphán, hijos de Uzziel, tío de Aarón, y díjoles: Llegaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario fuera del campo. 5Y ellos llegaron, y sacáronlos con sus túnicas fuera del campo, como dijo Moisés. 6Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Ithamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos, porque no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación: empero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lamentarán el incendio que Jehová ha hecho. 7Ni saldréis de la puerta del tabernáculo del testimonio, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés. 8Y Jehová habló a Aarón, diciendo: 9Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra, cuando hubiereis de entrar en el tabernáculo del testimonio, porque no muráis: estatuto perpetuo por vuestras generaciones; 10Y para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio; 11Y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés. 12Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Ithamar, sus hijos que habían quedado: Tomad el presente que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedlo sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa. 13Habéis, pues, de comerlo en el lugar santo: porque esto es fuero para ti, y fuero para tus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, pues que así me ha sido mandado. 14Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho de la mecida, y la espaldilla elevada, porque por fuero para ti, y fuero para tus hijos, son dados de los sacrificios de las paces de los hijos de Israel. 15Con las ofrendas de los sebos que se han de encender, traerán la espaldilla que se ha de elevar, y el pecho que será mecido, para que lo mezas por ofrenda agitada delante de Jehová: y será por fuero perpetuo tuyo, y de tus hijos contigo, como Jehová lo ha mandado. 16Y Moisés demandó el macho cabrío de la expiación, y hallóse que era quemado: y enojóse contra Eleazar e Ithamar, los hijos de Aarón que habían quedado, diciendo: 17¿Por qué no comisteis la expiación en el lugar santo? porque es muy santa, y dióla él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová. 18Veis que su sangre no fue metida dentro del santuario: habíais de comerla en el lugar santo, como yo mandé. 19Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante de Jehová: pero me han acontecido estas cosas: pues si comiera yo hoy de la expiación, ¿hubiera sido acepto a Jehová? 20Y cuando Moisés oyó esto, dióse por satisfecho.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 10

1¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación? 2Con arrogancia el malo persigue al pobre: serán cogidos en los artificios que han ideado. 3Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, y bendice al codicioso, a quien Jehová aborrece. 4El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios: no hay Dios en todos sus pensamientos. 5Sus caminos son viciosos en todo tiempo: tus juicios los tiene muy lejos de su vista: echa bocanadas en orden a todos sus enemigos. 6Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, ni jamás me alcanzará el infortunio. 7Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude: debajo de su lengua, vejación y maldad. 8Está en las guaridas de las aldeas: en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están acechando al pobre. 9Acecha en oculto, como el león desde su cama: acecha para arrebatar al pobre: arrebata al pobre trayéndolo a su red. 10Encógese, agáchase, y caen en sus fuerzas muchos desdichados. 11Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro; nunca lo verá. 12Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres. 13¿Por qué irrita el malo a Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás. 14Tú lo tienes visto: porque tú miras el trabajo, y la vejación, para vengar le por tu mano: a ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano. 15Quebranta el brazo del malo: del maligno buscarás su maldad, hasta que ninguna halles. 16Jehová, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruídas las gentes. 17El deseo de los humildes oíste, oh Jehová: tú dispones su corazón, y haces atento tu oído; 18Para juzgar al huérfano y al pobre, a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.
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Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezechîas, rey de Judá. 2Gloria de Dios es encubrir la palabra; mas honra del rey es escudriñar la palabra. 3Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación. 4Quita las escorias de la plata, y saldrá vaso al fundidor. 5Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará en justicia. 6No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes: 7Porque mejor es que se te diga, Sube acá, que no que seas humillado delante del príncipe que miraron tus ojos. 8No salgas a pleito presto, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya dejado confuso. 9Trata tu causa con tu compañero y no descubras el secreto a otro. 10No sea que te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse. 11Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. 12Como zarcillo de oro y joyel de oro fino, es el que reprende al sabio que tiene oído dócil. 13Como frío de nieve en tiempo de la siega, así es el mensajero fiel a los que lo envían: pues al alma de su señor da refrigerio. 14Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta de vana liberalidad. 15Con larga paciencia se aplaca el príncipe; y la lengua blanda quebranta los huesos. 16¿Hallaste la miel? come lo que te basta; no sea que te hartes de ella, y la vomites. 17Detén tu pie de la casa de tu vecino, porque harto de ti no te aborrezca. 18Martillo y cuchillo y saeta aguda, es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio. 19Diente quebrado y pie resbalador, es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia. 20El que canta canciones al corazón afligido, es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre. 21Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua: 22Porque ascuas allegas sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará. 23El viento del norte ahuyenta la lluvia, y el rostro airado la lengua detractora. 24Mejor es estar en un rincón de casa, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa. 25Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras. 26Como fuente turbia y manantial corrompido, es el justo que cae delante del impío. 27Comer mucha miel no es bueno: ni el buscar la propia gloria es gloria. 28Como ciudad derribada y sin muro, es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.
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1 Tesalonicenses 4

1Resta pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis enseñados de nosotros de cómo os conviene andar, y agradar a Dios, así vayáis creciendo. 2Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesús. 3Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; 4Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; 5No con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen a Dios: 6Que ninguno oprima, ni engañe en nada a su hermano: porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y protestado. 7Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. 8Así que, el que menosprecia, no menosprecia a hombre, sino a Dios, el cual también nos dio su Espíritu Santo. 9Mas acerca de la caridad fraterna no habéis menester que os escriba: porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis los unos a los otros; 10Y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Empero os rogamos, hermanos, que abundéis más; 11Y que procuréis tener quietud, y hacer vuestros negocios, y obréis de vuestras manos de la manera que os hemos mandado; 12A fin de que andéis honestamente para con los extraños, y no necesitéis de nada. 13Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús. 15Por lo cual, os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que durmieron. 16Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: 17Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 10 · Salmo 10
Personales
Proverbios 25 · 1 Tesalonicenses 4