Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 20

1En aquellos días cayó Ezechîas enfermo de muerte, y vino a él Isaías profeta hijo de Amós, y díjole: Jehová dice así: Dispón de tu casa, porque has de morir, y no vivirás. 2Entonces volvió él su rostro a la pared, y oró a Jehová, y dijo: 3Ruégote, oh Jehová, ruégote hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad e íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezechîas con gran lloro. 4Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, fue palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Vuelve, y di a Ezechîas, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mí, y por amor de David mi siervo. 7Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, pusieron sobre la llaga, y sanó. 8Y Ezechîas había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? 9Y respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? 10Y Ezechîas respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados: pero, que la sombra vuelva atrás diez grados. 11Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Achâz, diez grados atrás. 12En aquel tiempo Berodach-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió letras y presentes a Ezechîas, porque había oído que Ezechîas había caído enfermo. 13Y Ezechîas los oyó, y mostróles toda la casa de las cosas preciosas, plata, oro, y especiería, y preciosos ungüentos; y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros: ninguna cosa quedó que Ezechîas no les mostrase, así en su casa como en todo su señorío. 14Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezechîas, y díjole: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? Y Ezechîas le respondió: De lejanas tierras han venido, de Babilonia. 15Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezechîas respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase. 16Entonces Isaías dijo a Ezechîas: Oye palabra de Jehová: 17He aquí vienen días, en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. 18Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán; y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 19Entonces Ezechîas dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: ¿Mas no habrá paz y verdad en mis días? 20Lo demás de los hechos de Ezechîas, y todo su vigor, y cómo hizo el estanque, y el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21Y durmió Ezechîas con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hebreos 2

1Por tanto, es menester que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, porque acaso no nos escurramos. 2Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de retribución, 3¿Cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La cual, habiendo comenzado a ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que oyeron; 4Testificando juntamente con ellos Dios, con señales y milagros, y diversas maravillas, y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. 5Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos. 6Testificó empero uno en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿o el hijo del hombre, que le visitas? 7Tú le hiciste un poco menor que los ángeles, coronástele de gloria y de honra, y pusístele sobre las obras de tus manos; 8Todas las cosas sujetaste debajo de sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; mas aun no vemos que todas las cosas le sean sujetas. 9Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, a aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. 10Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar a la gloria a muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos. 11Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré. 13Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos que me dio Dios. 14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo, 15Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre. 16Porque ciertamente no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham tomó. 17Por lo cual, debía ser en todo semejante a los hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Pontífice en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo. 18Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
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Oseas 13

1Cuando Ephraim hablaba, hubo temor; fue ensalzado en Israel; mas pecó en Baal, y murió. 2Y ahora añadieron a su pecado, y de su plata se han hecho según su entendimiento, estatuas de fundición, ídolos, toda obra de artífices; acerca de los cuales dicen a los hombres que sacrifican, que besen los becerros. 3Por tanto serán como la niebla de la mañana, y como el rocío de la madrugada que se pasa; como el tamo que la tempestad arroja de la era, y como el humo que de la chimenea sale. 4Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto: no conocerás pues Dios fuera de mí, ni otro Salvador sino a mí. 5Yo te conocí en el desierto, en tierra seca. 6En sus pastos se hartaron, hartáronse, y ensoberbecióse su corazón: por esta causa se olvidaron de mí. 7Por tanto, yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los espiaré. 8Como oso que ha perdido los hijos los encontraré, y romperé las telas de su corazón, y allí los devoraré como león: bestia del campo los despedazará. 9Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. 10¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades? ¿y tus jueces, de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes? 11Díte rey en mi furor, y quitélo en mi ira. 12Atada está la maldad de Ephraim; su pecado está guardado. 13Dolores de mujer de parto le vendrán: es un hijo ignorante, que de otra manera no estuviera tanto tiempo en el rompimiento de los hijos. 14De la mano del sepulcro los redimiré, librarélos de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh sepulcro; arrepentimiento será escondido de mis ojos. 15Aunque él fructificará entre los hermanos, vendrá el solano, viento de Jehová, subiendo de la parte del desierto, y secarse ha su vena, y secaráse su manadero: él saqueará el tesoro de todas las preciosas alhajas. 16Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios: caerán a cuchillo: sus niños serán estrellados, y sus preñadas serán abiertas.
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Salmos 137-138 (cap. 137)

1Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. 2Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. 3Y los que allí nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: 4Cantadnos algunos de los himnos de Sion. ¿Cómo cantaremos canción de Jehová en tierra de extraños? 5Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, mi diestra sea olvidada. 6Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría. 7Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. 8Hija de Babilonia destruída, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. 9Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las piedras.
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Salmos 137-138 (cap. 138)

1Alabarte he con todo mi corazón: delante de los dioses te cantaré salmos. 2Encorvaréme al templo de tu santuario, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu verdad: porque has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas. 3En el día que clamé, me respondiste; esforzásteme con fortaleza en mi alma. 4Confesarte han, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, cuando habrán oído los dichos de tu boca. 5Y cantarán de los caminos de Jehová: que la gloria de Jehová es grande. 6Porque el alto Jehová atiende al humilde; mas al altivo mira de lejos. 7Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás: contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y salvaráme tu diestra. 8Jehová cumplirá por mí: tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no dejarás la obra de tus manos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 20 · Hebreos 2
Personales
Oseas 13 · Salmos 137-138