Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 21

1De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem cincuenta y cinco años: el nombre de su madre fue Hepsiba. 2E hizo lo malo en ojos de Jehová, según las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. 3Porque él volvió a edificar los altos que Ezechîas su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo bosque, como había hecho Achâb rey de Israel: y adoró a todo el ejército del cielo, y sirvió a aquellas cosas. 4Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalem. 5Y edificó altares para todo el ejército del cielo en los dos atrios de la casa de Jehová. 6Y pasó a su hijo por fuego, y miró en tiempos, y fue agorero, e instituyó pitones y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo en ojos de Jehová, para provocarlo a ira. 7Y puso una entalladura del bosque que él había hecho, en la casa de la cual había Jehová dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalem, a la cual escogí de todas las tribus de Israel: 8Y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó. 9Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las gentes que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel. 10Y habló Jehová por mano de sus siervos los profetas, diciendo: 11Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los Amorrheos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá en sus ídolos; 12Por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalem y sobre Judá, que el que lo oyere, le retiñirán ambos oídos. 13Y extenderé sobre Jerusalem el cordel de Samaria, y el plomo de la casa de Achâb: y yo limpiaré a Jerusalem como se limpia una escudilla, que después que la han limpiado, la vuelven sobre su haz. 14Y desampararé las reliquias de mi heredad, y entregarlas he en manos de sus enemigos; y serán para saco y para robo a todos sus adversarios; 15Por cuanto han hecho lo malo en mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy. 16Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta henchir a Jerusalem de cabo a cabo: además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo en ojos de Jehová. 17Lo demás de los hechos de Manasés, y todas las cosas que hizo, y su pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 18Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uzza; y reinó en su lugar Amón su hijo. 19De veinte y dos años era Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Mesalemeth hija de Harus de Jotba. 20E hizo lo malo en ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre. 21Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a las inmundicias a las cuales había servido su padre, y a ellas adoró; 22Y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. 23Y los siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey en su casa. 24Entonces el pueblo de la tierra hirió a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su hijo. 25Lo demás de los hechos de Amón, que efectuara, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 26Y fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uzza, y reinó en su lugar Josías su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hebreos 3

1Por tanto, hermanos santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra profesión, Cristo Jesús; 2El cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés sobre toda su casa. 3Porque de tanto mayor gloria que Moisés este es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. 4Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crio todas las cosas es Dios. 5Y Moisés a la verdad fue fiel sobre toda su casa, como siervo, para testificar lo que se había de decir; 6Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza. 7Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 8No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 9Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. 10A causa de lo cual me enemisté con esta generación, y dije: Siempre divagan ellos de corazón, y no han conocido mis caminos. 11Juré, pues, en mi ira: No entrarán en mi reposo. 12Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo: 13Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: 14Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; 15Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 16Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. 17Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron? 19Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.
Lectura 3 de 4 · Personal

Oseas 14

1Conviértete, oh Israel, a Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. 2Tomad con vosotros palabras, y convertíos a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios. 3No nos librará Assur; no subiremos sobre caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros: porque en ti el huérfano alcanzará misericordia. 4Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos. 5Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. 6Extenderse han sus ramos, y será su gloria como la de la oliva, y olerá como el Líbano. 7Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid: su olor, como de vino del Líbano. 8Ephraim dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos? Yo lo oiré, y miraré; yo seré a él como la haya verde: de mí será hallado tu fruto. 9¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son derechos, y los justos andarán por ellos: mas los rebeldes en ellos caerán.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmo 139

1Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. 2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. 3Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos. 4Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. 6Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla. 7¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y adónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. 9Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, 10Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. 11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí. 12Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz. 13Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. 14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce mucho. 15No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y compaginado en lo más bajo de la tierra. 16Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. 17Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡cuán multiplicadas son sus cuentas! 18Si los cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aun estoy contigo. 19De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos pues de mí, hombres sanguinarios. 20Porque blasfemias dicen ellos contra ti: tus enemigos toman en vano tu nombre. 21¿No tengo en odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me conmuevo contra tus enemigos? 22Aborrézcolos con perfecto odio; téngolos por enemigos. 23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: 24Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 21 · Hebreos 3
Personales
Oseas 14 · Salmo 139